Jóvenes y asintomáticos: ¿son los ‘culpables’ de los rebrotes?

El alto porcentaje de contagiados sin síntomas y su juventud se está convirtiendo en un factor clave para la expansión del virus.

Según los investigadores el SARS-CoV-2 no es el primer coronavirus que nos afecta. Sin embargo, lo que sí tiene es una característica preocupante que le ha permitido expandirse a nivel mundial generando una pandemia.



De hecho, continúa siendo una amenaza permanente capaz de persistir a todas las medidas preventivas. Y es que, insisten los expertos, además de tener un alto nivel de contagio, sus síntomas tardan en aparecer o ni siquiera lo hacen en muchas personas contagiadas.

Ese aspecto es el verdadero problema ya que, potencialmente, puede haber cientos de miles de portadores, que no sean conscientes de ello mientras propagan el virus evadiendo medidas preventivas. Además, esta forma de enfermedad asintomática, alerta las autoridades sanitarias, sería la más habitual, sobre todo entre los de menos de 60 años.

Datos preocupantes

Según una investigación en estudio italiana (con datos de la castigada región de Lombardía), hasta tres cuartas partes de los contagiados por el COVID-19, que se encuentran en la horquilla de entre 0 y 59 años, han podido pasar la enfermedad sin ni siquiera haber manifestado alguna sintomatología.

Por otro lado, la revista Annals of Internal Medicine publicaba recientemente otro artículo -Prevalencia de infección asintomática por SARS-CoV-2- donde se aseguraba que «las personas asintomáticas parecen ser responsables de, aproximadamente, entre el 40% y el 45% de las infecciones pueden transmitir el virus a otros durante más tiempo, quizás más de 14 días».

Además, se añade, «la ausencia de síntomas de COVID-19 en personas infectadas no necesariamente implica una ausencia de daño. Se necesita más investigación para determinar la importancia de los cambios pulmonares visibles en las tomografías». Por eso mismo, enfatizan en el artículo, el enfoque de los programas de prueba «debe ampliarse sustancialmente para incluir a las personas que no tienen síntomas«.

Rastreo

Sin embargo, hay que partir del hecho de que, si los contagiados que carecen de síntomas transmiten la enfermedad, mientras mayor sea la cifra de asintomáticos supondrá un verdadero reto de difícil desenlace para una nueva normalidad liderada por las medidas preventivas: detección de positivos y el consecuente rastreo de sus contactos con el fin de aislarles posteriormente.

En el estudio aludido se explica, en esa línea, la dificultad de distinguir a las personas asintomáticas de las que simplemente son presintomáticas: «El individuo asintomático está infectado con SARS-CoV-2 pero nunca desarrollará síntomas de COVID-19. En contraste, el individuo presintomático está infectado de manera similar pero eventualmente desarrollará síntomas». La solución a este enigma, aclaran, «es realizar observaciones repetidas del individuo [pruebas] a lo largo del tiempo». Por lo tanto, concluyen, «debemos reconocer la posibilidad de que algunas de las estadísticas de personas asintomáticas sea más baja de lo informado».

Responsabilidad

Por otra parte, aludiendo a la juventud, las posibilidades de desarrollar la enfermedad de una forma asintomática aumentan hasta en un 82% en los grupos menores de 19 años. De este dato se deriva que los más jóvenes son un perfecto vehículo para el virus debido a la falta de percepción del riesgo. Irán, por ejemplo, a un botellón si su percepción de lo peor que pueda pasar es que sea «un resfriado», ya que la gravedad de la enfermedad suele desarrollarse en mayores de 60 años.

¿Son culpables los jóvenes asintomáticos de los rebrotes? Es muy difícil concienciar a este segmento poblacional para que no salga o se relacione. Habría que hacer pruebas permanentes y, aún así, no se evitaría la propagación del virus. Es aconsejable, concluyen los expertos, centrar los esfuerzos en proteger a la población más vulnerable y seguir pidiendo responsabilidad a toda la sociedad -e incluso imponer medidas punitivas– para que se cumplan las normas de seguridad.

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