Los pediatras dan ciertas esperanzas a Julen ya que «los niños son muy resistentes»

Fue justo hace una semana. ¿En qué situación se encontrará el pequeño Julen? José Roselló, su padre, dijo que se cayó con las brazos abiertos. No se conoce el impacto de la caída, las posibles heridas y el estado de salud del pequeño.  Nos hacemos eco de la noticia de El Confidencial que ha contactado con tres prestigiosos pediatras malagueños para que analicen el caso. Uno de ellos, Manuel Baca, trabajó en el Hospital Comarcal de la Axarquía, y otro, Carlos Trillo, trabaja ahora mismo en el hospital axárquico. 

Baca es uno de los 100 mejores facultativos de toda España. Dirige el servicio de pediatría y neonatología del hospital Quirónsalud Málaga. “Las variables son múltiples. No sabemos exactamente cuándo descendió en su caída. Si fueran 100 metros, es como si hubiera caído de una altura de 50 pisos…, pero probablemente se haya quedado enganchado. Hay que ver si sufre alguna lesión y el nivel de consciencia e inconsciencia que pueda tener”. El gasto energético y la tendencia a deshidratarse de un niño de esa edad son factores que resultan favorables para Julen, pero valora y resalta cómo se han producido casos excepcionales de niños “que han aguantado muchos días”. “Es difícil saber cómo puede estar Julen. Todo es muy variable”, apunta Baca, que también es responsable del Grupo Pediátrico Uncibay.



Con más de 25 años de experiencia profesional, Carlos Trillo es pediatra en el hospital comarcal de Vélez-Málaga. “A partir de las 48-72 horas disminuyen las posibilidades. Cuanto más pequeños menos aguantan con la deshidratación. En la caída el niño puede tener raspones en la ropa”.

Hay demasiadas incógnitas: ¿qué se habrá hecho en la caída? Tampoco se conoce la calidad del aire que respira. Los técnicos aseguran que la temperatura media podría ser de unos 19 grados. Según Trillo, que recibió en 2017 el premio de Anales de Pediatría (revista oficial de la Asociación Española de Pediatría) a la mejor publicación de 2016, resulta clave saber la última vez que bebió o comió y también depende de la reserva de grasa y de líquidos que tenga el niño.

Antonio Jurado ha sido durante casi 20 años jefe de servicio del pediatría del Hospital Materno Infantil de Málaga. También fue jefe de sección de Urgencias y profesor titular de la Facultad de Medicina de la UMA. Quiere ofrecer un halo de cierta esperanza sobre Julen: “Los niños tienen una resistencia extraordinaria”. “Si un adulto tuviera que soportar el momento del parto, la presión de un recién nacido y la falta de oxígeno, fallecería. Un traumatismo lo tolera mucho más un menor”. Al revés que un golpe de calor, la humedad también la soporta más un niño que un adulto, pero el factor de no beber empieza a pasar factura al organismo a partir de las 48 horas. “Hay que saber las reservas de glucosa que tendrá el niño y qué había comido antes”.

No existe gran diferencia entre lo que le puede pasar un menor con 2 o 3 años. “Si tuviera un año de edad sería terrorífico. El comportamiento de Julen es completamente impredecible”, admite. Jurado, que fue presidente del comité científico de la Sociedad Española de Pediatría, lanza un mensaje: “Muchos de los accidentes pediátricos son prevenibles. Hay que insistir sobre es

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