Alfarnate: El sendero de los cerezos 

Este pueblo montañés, conocido como los Pirineos de la Costa del Sol, guarda un clima único que propicia el cultivo de un fruto tan emblemático como la cereza, además de ofrecer multitud de atractivos para el viajero.

Por Francisco Gálvez



Alfarnate es un pequeño municipio al norte de la Axarquía malagueña, lindando con la provincia de Granada, de poco más de mil habitantes. Su ubicación, sin embargo, entre tajos, sierras y una naturaleza bravía, convierten su enclave en uno de los más hermosos de Andalucía.

Los campos de labor guardan para el viajero un tesoro alimenticio y paisajístico con el que vamos a recorrer una tierra de cerezos, alimentados por el clima de los ‘Pirineos de la Costa del Sol’ y un mimo exquisito de los agricultores, que lo convierten en una bella estampa norteña en el sur de Andalucía.

La primera impresión hay que saborearla a mediados de abril, cuando los cerezos tiñen de blanco el valle alfarnateño. Es la floración de este árbol que atrae a cada veces más visitantes.

La mejor forma de disfrutar del paisaje es siguiendo la Ruta de las Pilas, de unos 12 kilómetros, que sale desde Alfarnate y alcanza una cota máxima de casi mil metros de altitud. En esta ruta iremos encontrando los diferentes cultivos, tajos impresionantes hogar de cabras montesas, arroyos y, desde el punto llamado la Loma del Aire, se podrán observar unas vistas espectaculares del pueblo y de las hectáreas plantadas de cerezos enarbolando el blanco entre la paleta de colores que compone el municipio.

La siguiente toma de contacto con este producto tan singular de estas tierras se produce en junio, con el fruto ya recogido y listo para su consumo. Alfarnate celebra en estos días el Día de la Cereza, en el que se entregan distinciones y se homenajea a los agricultores, además de ofrecer degustaciones a los miles de visitantes que tienen así la oportunidad de probar este fruto y platos típicos del lugar, como el zoque, la catana con un vasito de resolí artesano.

Si el viajero quiere seguir disfrutando de la naturaleza en su estado más agreste, podrá disfrutar de un paisaje único, pues Alfarnate está rodeado de sierras (la del Jobo, la de Camarolos…) así, como de impresionantes tajos de más de mil metros, refugio de las cabras montesas y las aves rapaces.

Finalmente, podremos descansar de un apasionante día entre cerezos y montañas en la Venta de Alfarnate, del siglo XIII, refugio de viajeros que cubrían la ruta Málaga-Granada y también de bandoleros, artistas, viajeros románticos. Aquí podrán disfrutar de la cocina tradicional de los montes: migas de Alfarnate, huevos a lo bestia, chivo al ajillo, morcilla de cordero frita con tomates o el revuelto de tagarninas con gachas de anís… con unas cerezas de postre.

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