40 años de la despenalización de la homosexualidad en España

El 26 de diciembre de 1978 se modificó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que consideraba la homosexualidad un delito

Hace 40 años, el 26 de diciembre de 1978, la democracia «rudimentaria» en España se hacía un poco más democrática con la modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Supuso la primera piedra para legalizar la homosexualidad en España.



Aquella norma franquista de 1970 era la que convertía la homosexualidad en un delito y la que iba a modificarse en 1978, para que el 26 de diciembre se convirtiese en una fecha clave para el colectivo LGTB en España, aunque esa histórica jornada pasó, hace 40 años, como un «día completamente normal», explica a Federico Armenteros, presidente de la Fundación 26 de Diciembre.

Unos meses antes, el 25 de junio 1978, se celebraba en Madrid la primera manifestación del Orgullo en esta ciudad -la primera en España se ofició un año antes, en Barcelona-, donde miles de personas marcharon por la confluencia de la calle O’Donell con Menéndez Pelayo en protesta por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social.

Pero, cuando finalmente se reformó esa norma casi medio año después, la noticia pasó «sin pena ni gloria, como un mero trámite que había que hacer» en el camino hacia la democracia, apunta el presidente de la Fundación 26 de Diciembre.

«El 26 de diciembre de 1978 fue un día normal y corriente, con el mismo miedo a que te pillaran. Yo ni me enteré. Estaba escondiéndome de ese momento para que nadie supiera que yo era maricón, ni yo mismo. Yo no quería ser un enfermo», rememora el activista.

De enfermos trataba el franquismo a los homosexuales -al igual que la Organización Mundial de la Salud, que no despatologizó esta orientación sexual hasta 1990, por lo que las personas pasivas eran enviadas a la cárcel de Badajoz y las activas a la prisión de Huelva.

La Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social condenaba al ostracismo y la irregularidad a gais y lesbianas, aunque en 1978 comenzaría el largo camino para acabar con ese estigma con la modificación de esa legislación, que, entre otros puntos, derogó el artículo tercero del texto, el relativo a las personas homosexuales.

Vagos habituales, rufianes y proxenetas, prostitutas, ebrios habituales y toxicómanos, los mendigos habituales y «los que vivieren de la mendicidad ajena o explotaren con tal fin a menores, enfermos, lisiados o ancianos» o los «menores de 21 años abandonados por la familia o rebeldes a ella que se hallaren moralmente pervertidos» eran otros supuestos de esta ley, heredera de la Ley de Vagos y Maleantes.

Esa norma, aprobada por las Cortes de la Segunda República en 1933, «constituyó un avance técnico indudable y supuso un paso acertado e importante en la necesaria política de defensa y protección social, en cuyo campo ha producido estimables resultados», decía el texto de 1970.

A pesar de ello, y «a pesar de los retoques parciales introducidos por disposiciones anteriores», en la España franquista de 1970 la Ley de Vagos y Maleantes era, «al menos en parte, un tanto inactual e incapaz de cumplir íntegramente los objetivos que en su día se le asignaron».

¿Los motivos? «Los cambios acaecidos en las estructuras sociales, la mutación de costumbres que impone el avance tecnológico, su repercusión sobre los valores morales, las modificaciones operadas en las ideas normativas del buen comportamiento social y la aparición de algunos estados de peligrosidad característicos de los países desarrollados que no pudo contemplar el ordenamiento de 1933».

De ahí nació la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, que, en su noveno «fin», insistía en que la norma se preocupaba de la «creación de nuevos establecimientos especializados donde se cumplan las medidas de seguridad, ampliando los de la anterior legislación con los nuevos de reeducación para quienes realicen actos de homosexualidad», entre otras «peligrosidades».

Esas lindezas no acabaron el mismo 26 de diciembre, cuando se fechó la Ley 77/1978 de modificación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social y de su Reglamento, ya que el texto se publicó oficialmente el 11 de enero de 1979 para legalizar la homosexualidad en España, aunque no acabaron con ella las detenciones.

«Hemos tenido que insistir para que reconozcamos que esa fecha fue tan importante para nosotros. Ya no podían meternos en la cárcel por maricones: nos seguían metiendo, claro, pero por escándalo público», recuerda Armenteros sobre esa ley que no se derogaría finalmente hasta 1996, apenas una década antes de que se legalizase el matrimonio igualitario con José Luis Rodríguez Zapatero.

 

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