Se cumplen 45 años del apagón que desató una noche de anarquía en la ciudad de Nueva York

La noche del 13 de julio de 1977, un rayo cayó sobre una subestación de la red eléctrica que alimentaba de energía a toda la ciudad. Un segundo rayo causó la pérdida de otras dos líneas de transmisión. Esto generó una serie de sobrecargas en otros puntos de la red. Consolidated Edison, la compañía proveedora de electricidad, intentó iniciar el procedimiento de emergencia, sin éxito. Toda la red eléctrica de la ciudad de Nueva York acababa de colapsar.

Inmediatamente, las autoridades clausuraron los aeropuertos La Guardia y Kennedy, se cerraron todos los túneles automovilísticos por falta de ventilación, y los metros dejaron de funcionar, provocando la evacuación de cerca de 4000 personas.



Tiendas y locales comerciales quedaron desprotegidos, y en medio de la oscuridad reinante, el mismo orden cívico empezó a tambalearse. Una ola de saqueos se desató en la ciudad y, como por un efecto contagio, se extendió hasta 31 barrios -especialmente a los más vulnerables. En el barrio de Crown Heights, en Brooklyn, 75 tiendas fueron saqueadas. La magnitud real de los disturbios recién pudo verse a la luz del día siguiente.

Los informes del 14 de julio de 1977 indicaron que hubo 1.616 tiendas dañadas y saqueadas. Se apagaron 1037 incendios ocasionados por el vandalismo. Las redadas policiales dejaron un número de 3776 personas detenidas (el arresto masivo más grande en la historia de la ciudad).

Las pérdidas por los daños ocasionados durante las 25 horas que duró el apagón fueron de cerca de 300 millones de dólares de la época. El sistema eléctrico fue restablecido en su totalidad durante la noche del 14, aunque gran parte de la ciudad ya se encontraba iluminada para ese entonces.

El de 1977 no fue el último apagón en la historia de la Ciudad de Nueva York, pero sí el más notorio. Ese mismo año, el alcalde Abraham Beame, que tenía intenciones de renovar su mandato, quedó tercero en las primarias demócratas. Pero las consecuencias más importantes se evidenciaron en un cambio rotundo en los métodos de las fuerzas de seguridad y en la llegada de un temor al desorden social, que siguió latente por muchos años más.