China cierra sus fronteras a la mayoría de los extranjeros por el coronavirus

La medida, que incluye a los foráneos con visados anteriores al anuncio o permisos de residencia, entrará en vigor a partir de la medianoche del sábado.

China cerrará la entrada al país a la mayoría de los extranjeros, incluidos aquellos que tengan un visado o un permiso de residencia válido, a partir de la medianoche del sábado 28 de marzo, para blindarse ante el coronavirus, según ha anunciado el Ministerio de Asuntos Exteriores en un comunicado emitido a última hora de este jueves. Entre las escasas excepciones estarán los diplomáticos y aquellos en misión oficial. También quienes tengan un visado tipo «C», que se asigna a los trabajadores de transporte



Los extranjeros que necesiten desplazarse a China por “actividades económicas, comerciales, científicas o tecnológicas necesarias , o por razones humanitarias de emergencia» podrán solicitar visados en las embajadas y consulados chinos», indica el comunicado. Esos visados emitidos después de la orden sí serán aceptados en las fronteras del país, .

Tras haber dado por controlado el virus en su foco original, la provincia de Hubei, China había endurecido gradualmente las condiciones de cuarentena para los viajeros procedentes del exterior en las últimas dos semanas, ante el aumento de los casos “importados” y por el temor a que los venidos de fuera pudieran propagar una segunda oleada del coronavirus, que en este país ha infectado a cerca de 82.000 personas y causado la muerte de más de 3.200. Hasta el momento, se han detectado más de 500 de estos casos, la gran mayoría de ellos, hasta el 90%, ciudadanos chinos que regresaban a su país.

“No podemos dejar fuera (del país) a nuestros nacionales, así que tenemos que dejar de admitir a los ciudadanos extranjeros para no añadir presión a nuestros trabajos para prevenir el virus”, ha declarado al periódio Global Times el profesor de la Universidad de Pekín Zhang Yiwu.

Hasta ahora, ciudades como Pekín imponían una cuarentena obligatoria de 14 días a los viajeros, a cumplir en centros determinados por las autoridades locales y por cuenta de la persona afectada.

El cierre a los extranjeros, una medida que no se había tomado en ningún momento en la China postmaoísta, se ha anunciado coincidiendo con una restricción de los vuelos internacionales procedentes o con destino al país, ya limitados después de que numerosas líneas aéreas cancelaran temporalmente sus rutas hacia ese país tras estallar la epidemia en Wuhan.

Este jueves, el Gobierno chino había restringido también los vuelos internacionales de compañías extranjeras con destino a esta nación a uno solo por país y por semana. Por su parte, las compañías chinas solo podrán enlazar por el momento con destinos extranjeros una vez por semana. No podrán llenarse más del 75% de los asientos.

“La suspensión es una medida temporal que China se ha visto obligada a adoptar a la luz de la situación de la pandemia y las prácticas de otros países. China se mantendrá en estrecho contacto con todas las partes y gestionará los intercambios de personal con el resto del mundo bajo estas circunstancias especiales”, prosigue el comunicado. El cierre a los ciudadanos extranjeros “se irá calibrando a la luz de cómo evolucione la situación”.

Numerosos países cancelaron vuelos y anunciaron, al comienzo de la epidemia en China en enero, el cierre de sus fronteras a los extranjeros que hubieran estado en el país asiático en los 14 días previos a su llegada. Entonces, Pekín expresó su descontento por ese tipo de medidas, en especial el cierre de las fronteras por parte de Estados Unidos. «Justo en cuanto la OMS se pronunció contra restricciones de viaje, Estados Unidos se apresuró a tomar el camino opuesto. No es, desde luego, un gesto de buena voluntad”, denunciaba entonces la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Hua Chunying.

“No es necesario que cunda el pánico inútilmente, ni tomar medidas excesivas”, declaraba entonces el embajador chino en Ginebra, Xu Chen, en una rueda de prensa. La OMS, subrayaba el diplomático, había expresado su “plena confianza” en la capacidad de la segunda economía del mundo para resolver la crisis. Esta organización de la ONU reiteraba entonces que no veía necesario restringir los viajes ni el comercio con el país asiático.

Pekín había explicado a un grupo internacional de funcionarios de Sanidad que se había visto obligada a replantearse su política de cuarentena ante la llegada de viajeros posibles portadores del virus. El epidemiólogo estadounidense Anthony Fauci, asesor de la Casa Blanca en la lucha contra el coronavirus y uno de los participantes en la conversación organizada por la OMS, había declarado que “nuestros colegas chinos están muy preocupados”. “Tienen muy, muy pocos nuevos casos, pero están empezando a ver que a medida que relajan los controles sobre los viajes, están detectando casos importados”.

Tras superar lo peor de la epidemia, el Gobierno chino ha aplicado una vuelta muy gradual a la actividad económica que había quedado paralizada desde que el 23 de enero impuso un bloqueo por cuarentena a la ciudad de Wuhan, donde se detectaron los primeros casos de la enfermedad. El objetivo es impedir una segunda oleada de contagios que pudieran echar por tierra los dos meses de duras medidas impuestas para detener la propagación del virus, y que han causado estragos en la economía del país.

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