El León de Mijas, Regino Hernández, logra la 3ª medalla para España en unos Juegos de invierno

Al aterrizar en Pyeongchang hace unos días, a Regino Hernández le preguntaban si era el tapado de España en los Juegos y él volvía a mirar a su compañero, Lucas Eguibar, uno de los favoritos, y se tronchaba. “Me lo han dicho ya unas cuantas veces. Está claro que ‘Luki’ es el que más opciones tiene, por toda la trayectoria que lleva, pero yo no me considero el tapado ni el destapado”, contestaba y se marchaba para dejar los focos, de nuevo, a Eguibar. Ya no ocurrirá más. Este jueves Hernández se colgó el bronce en el snowboard cross y entró con nombre propio en la historia del deporte español: adiós a la mala racha en invierno que ya duraba 25 años y 361 días. Noticia de EL MUNDO.

Después del oro inaugural de Paquito Fernández Ochoa en Sapporo 1972, desde el bronce de su hermana Blanca en Albertville 1992 el medallero se mantenía congelado en dos medallas y ya se suponía maldición. Cuartos puestos, caídas y resbalones en la última curva habían construido un relato gris que se exageraba en comparación: a partir de Barcelona 1992 España se elevó en los Juegos de verano y desapareció en los Juegos Olímpicos de invierno.

Los Juegos propusieron un trazado exageradamente ancho con saltos gigantes y el español supo que era su momento. Formado en las alturas del halfpipe, amante de los botes como pocos, desde las rondas clasificatorias apuntó a la medalla. En la tanda de formación hizo el mejor tiempo y ya todo fue casi rodado: sufrió en los octavos de final (se clasificó por tres centésimas), pero tanto en los cuartos como en las semifinales entró primero casi en solitario.

Aunque gane la medalla no me corto la barba. Antes me corto los cojones. Me está costando demasiado que me crezca”, aseguraba antes de la competición, pero ya en el podio, emocionadísimo, quizá cambiaba de opinión. Se subió al tercer cajón, señaló con sus dos dedos índices al cielo y dejó claro a quién dedicaba la medalla: a Ángel Moreno Israel Planas. El primero era su mejor amigo desde la infancia, que falleció en 2015 practicando snow en Sierra Nevada. Y el segundo era su entrenador desde siempre, que murió el año pasado al sufrir un infarto cerebral.

Su emoción chocaba con su look: de barbísima, piercing en el septum y calaveras.Nacido en Ceuta, pero criado en Mijas Costa, desde donde visita Sierra Nevada desde niño, Regino Hernández suele competir con un casco que simula un cráneo (para estos Juegos se quedó ‘sólo’ con un plateado eléctrico) y luce la misma figura en varios anillos. De pequeño probó el balonmano, pero desde muy joven se enganchó al snow, donde nunca le faltaron resultados. A los 17 años ya se clasificó para los Juegos de Vancouver 2010, a los 18 años fue campeón del mundo junior 2011 y el año pasado se colgó la plata por equipos en el Mundial de Sierra Nevada.

Lo hizo junto a Lucas Eguibar, también subcampeón del mundo individual, que supuso la cruz a la actuación de Hernández. Después de una fase clasificatoria decepcionante, en unas de las primeras curvas de los octavos de final se fue al suelo y se despidió de los Juegos en apenas segundos. Su único consuelo fue encontrarse con su familia en las gradas y todos juntos celebrar el bronce de su compañero. Ya de tapado, nada. Regino Hernández entró con nombre propio en la historia del deporte español: adiós a la mala racha en invierno que ya duraba 25 años y 361 días.

Infografía: Los países con más medallas en los Juegos de Invierno | Statista

En la final, su camino no fue tan plácido pero tampoco padeció. Como en las tandas anteriores, su salida fue impecable y se colocó segundo por detrás del inalcanzable francés Pierre Vaultier. Vigente campeón olímpico y de la Copa del Mundo, el galo ya se sabía el máximo favorito, un extraterrestre, el referente del deporte, pero detrás había hueco para la gesta. Y ahí estaba Hernández. Sólo el australiano Jarryd Hugues pudo rebasarle en la primera parte de la prueba y una caída detrás suyo le otorgó directamente el podio.



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