El Congreso aprueba la última prórroga del estado de alarma, a la que sucederá una ley para la «nueva normalidad»

El estado de alarma se levantará como muy tarde definitivamente el 21 de junio. El Congreso ha revalidado este miércoles la última prórroga al cabo de una maratoniana sesión Plenaria en que una vez más los líderes políticos se han cruzado reproches de todo tipo, alejando la posibilidad de que el final de la alarma termine también con la crispación política -y en las calles en ocasiones- que ha rampado desde que empezó la pandemia.

La prórroga ha recibido luz verde por 177 votos a favor, 155 en contra y 18 abstenciones. Era la última de las seis prórrogas que, ya al final del debate, Pedro Sánchez ha recordado que ha pedido al Congreso desde que se decretó el estado de alarma, el 14 de marzo. “Solicitaba tiempo para ganarle al tiempo, para que este momento que estamos debatiendo y se va a materializar en la votación llegara cuanto antes, pero de manera segura”, ha dicho.



A diferencia de la última vez, Sánchez había llegado este miércoles al Congreso con los apoyos atados, en particular los ‘síes’ de PNV y Cs y la “abstención constructiva” de ERC, que ha abandonado así el ‘no’. En él han continuado el PP y Vox, cuyos líderes han vuelto a protagonizar durísimos discursos contra el presidente. También han votado ‘no’ JxCAT y la CUP, otros dos habituales, y Compromís, el socio de investidura de Sánchez que sigue sin ver respuesta a sus reclamaciones económicas para la Comunidad Valenciana. Por lo que a los votos se refiere, la sesión de este miércoles ha sido más plácida de lo que había pronosticado el líder popular, Pablo Casado, que ha dicho que Sánchez es ahora “prisionero” de sus apoyos, porque “convierte cada votación e un bazar” que ha convertido el Congreso en una jaula de grillos”.

Último trecho de la desescalada

La exposición de las condiciones de la última prórroga ha sido un mero trámite de aspectos ya conocidos. Sánchez la ha pedido para «acompañar a los territorios» en el «último trecho» de la desescalada.

A partir del lunes, los territorios que se encuentren en en fase 1 o fase 2 -como Madrid o el Área Metropolitana de Barcelona en estos momentos- todavía estarán bajo la autoridad del Ministerio de Sanidad, en cogobernanza con sus respectivos gobiernos autonómicos.

La novedad llegará en los territorios que estén o pasen a la fase 3. En ese caso, sus respectivos presidentes autonómicos serán quienes, «en su nueva condición de autoridades competentes delegadas, tendrán la facultad de decidir si mantienen o modifican las medidas de la fase 3 o quienes decidan la superación de esa fase 3 y el paso a la nueva normalidad, es decir, el levantamiento del estado de alarma».

Solo quedarán en manos del Gobierno central, ha recordado, las competencias para seguir restringiendo los movimientos, de acuerdo con el estado de alarma.

«Es importante destacar que la superación de la fase 3 supone un reconocimiento de que la crisis sanitaria ha finalizado en este territorio y deja de estar vigente el estado de alarma», algo que, por tanto, podría ocurrir antes del 21 de junio. Tan pronto como a partir del 8 de junio un presidente autonómico decida declarar la «nueva normalidad» en sus territorios en fase 3.

Ley para la ‘nueva normalidad’

El anuncio de Sánchez de este miércoles tiene que ver con qué sucederá cuando se levante el estado de alarma, ya sea antes del 21 de junio en los territorios más aventajados o ese día. El Consejo de Ministros aprobará el martes que viene un real decreto-ley para la “nueva normalidad” con medidas de prevención y coordinación  hasta que haya una vacuna y para evitar posibles rebrotes.

Según ha explicado Sánchez después para calmar a los partidos nacionalistas, la idea es que sea “lo más básico posible, tampoco queremos sobrerregular nada, solo mantener aquellas cuestiones de ámbito sanitario necesarias para contener el virus”. No ha ofrecido más detalles, pero este martes el ministro de Sanidad, Salvador Illa, avanzó que en la «nueva normalidad»se mantendrán algunas pautas de prevención, como el uso de mascarillas en espacios públicos o la distancia obligatoria de dos metros. El doctor Fernando Simón ha avanzado que también habrá medidas en los sectores del transporte y del comercio.

Fallecidos, Marlaska y socios de investidura

El Congreso ha aprobado este miércoles un “un estado de alarma único” en una sesión en la que se ha sucedido ha sido una ya habitual refriega política que en nada hace pensar en que vaya a ser posible rebajar la crispación. Todo a pesar de que los portavoces habían llegado advertidos de la conveniencia de bajar el tono, según pidió a todos la presidenta del Congreso, Meritxell Batet.

Además del estado de alarma, como es habitual, se ha hablado de muchos otros temas. “Lo que debería ser un debate sobre la prórroga se ha convertido una vez más en una pseudocopia de un debate sobre el estado de la nación”, ha constatado el portavoz de PNV, Aitor Esteban.

Así pues, en la agenda oficiosa del debate de la prórroga han salido a relucir los fallecidos por Covid-19. Ha empezado Sánchez, que ha exonerado a su Ministerio de Sanidad del caos de cifras, aunque Casado no ha aceptado esta tesis, “Le parece decente ocultar a los muertos para esconder su incompetencia?», le ha acusado.

También han volado los reproches a Sánchez por los ceses en la Guardia Civil ordenados por su ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. “Si tuviera el más mínimo respeto al Estado de derecho debería restituir al coronel en sus funciones y cesar a los que ejecutaron una orden que usted sin duda conocía”, ha conminado Casado a Sánchez, que ha acusado al ministro de “desatar una caza de brujas”.

Lejos de hacer propósito de enmienda, el presidente ha aportado una nueva versión, una defensa novedosa, sobre las decisiones que ha tomado Grande-Marlaska entre la cúpula de la Guardia Civil. El “ataque” al que se está viendo sometido su ministro, ha dicho, se debe a que él sí está colaborando con la Justicia para desmontar la “policía patriótica” del PP. “En este Gobierno no se va a producir nunca, nunca, nunca una mal llamad policía patriótica” ha asegurado.

Con ser los más duros, los rifirafes de Sánchez con Casado no han sido los únicos de la jornada. Dos años y dos días después de que triunfara la moción de censura que le llevó a La Moncloa, sus socios de investidura han aprovechado también para pedirle cuentas por sus pactos con Ciudadanos, que parece que han llegado para quedarse, primero para las prórrogas y después, quizá, para los Presupuestos, un deseo que el Gobierno no oculta.

PNV, ERC, Compromís y Bildu han advertido a Sánchez de que tendrá que elegir entre ellos y los de Inés Arrimadas. “Todo no puede ser, dime con quien pactas y te diré que pactas”, le ha advertido el portavoz de ERC, Gabriel Rufián. “Tendrá que decidir si a favor de las clases trabajadoras o de los intereses del capital y de las grandes empresas”, ha indicado la portavoz de Bildu, Mertxe Airpurúa.

Sánchez ha optado por dar las gracias por “el tono” o por “el apoyo”, según los casos y por calmar a ERC apostando por retomar la mesa en “julio” si es que ya es posible, pero ha evitado renegar de Cs para calmar a sus socios.

Banderas y 8-M

Con los tiempos que corren, Sánchez ha intentado amansar el crispadísimo ambiente político con un discurso en el que ha defendido la bandera «de todos», que no hay “españoles buenos y españoles malos” y llamando a los partidos a»aparcar la mezquindad y la irrelevancia de la pequeña política y dedicarnos todos juntos a una labor que exigirá durante los próximos meses lo mejor de nuestras disposiciones como representantes legítimos de nuestro país».

Sin embargo, también él ha contribuido a la crispación con algo parecido a una provocación, una referencia al 8-M, uno de los aspectos que más encono político produce en estos momentos, con una vertiente judicial que afecta a su delegado del Gobierno en Madrid y que está también en el origen en la formidable crisis que atraviesa el Ministerio del Interior. . «Lo digo alto y claro: viva el 8 de marzo», ha proclamado.

Que no ha contribuido precisamente a calmar los ánimos se ha comprobado rápidamente. Rufián la ha secundado con un «viva el 8 de marzo» nada más empezar a hablar. Antes, el presidente de Vox, Santiago Abascal, había echado en cara a Sánchez que «Su ‘Viva el 8 de marzo’ de hoy viene a decir ‘Viva la enfermedad y viva la muerte»».

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