Condecorada la española que dio a conocer a Bernardo de Gálvez en Estados Unidos

Según publica el Diario ABC, Teresa Valcarce recibe la Encomienda del Mérito Civil por lograr el homenaje con un retrato del héroe en el Senado estadounidense

«La Marca España la hacemos desde la sociedad civil. Reconocerlo puede ser un importante motivo de orgullo de ser español». Quien pronuncia esta frase al otro lado del teléfono con tanta convicción es Teresa Valcarce, una compatriota incansable que trabaja en una organización de profesores en EE.UU. -de hecho tiene doble nacionalidad-, y acaba de ser condecorada por el Gobierno de España con la Encomienda del Mérito Civil. Una medalla es agradable y ella se muestra muy feliz, pero le da vértigo pensar en el camino recorrido que ahora se le reconoce. En sus horas libres fue capaz de crear un lobby alrededor del Capitolio, que no se rindió frente a las dificultades, hasta lograr el reconocimiento oficial del héroe español Bernardo de Gálvez, por su papel decisivo en la independendia de EE.UU..

Los méritos que concurren en esta mujer conocida en Washington como «the lady of the portrait», la señora del cuadro, son tales que ese título se publicó en la portada de un suplemento del «Washington Post» el 31 de octubre de 2014, junto a una foto suya y del retrato de Gálvez pintado en Málaga por Carlos Monserrate. Meses antes, en diciembre de 2013, contábamos en ABC por primera vez su historia, cuando el retrato aún no había sido terminado.

Todo comenzó cuando ella supo que un investigador español, Manuel Olmedo Checa, había encontrado un documento que demostraba que el Congreso Continental había prometido el 8 de mayo de 1783 que colgaría un retrato de Bernardo de Gálvez en su sede como agradecimiento por su ayuda logística y militar en la independencia. Esa promesa olvidada fue reactivada por la Asociación Bernardo de Gálvez, de la que Olmedo Checa es el más conspicuo de sus miembros.

«Fueron casi dos años llamando a las puertas del Congreso de Estados Unidos, tratando de ser escuchada, revolviendo la legislación» Pero en las leyes no podía apoyarse, porque el Congreso no reconocía valor a las decisiones de la institución antecesora en el tiempo de las Trece Colonias.

«Un amigo jurista -relata Teresa Valcarce- me dio un baño de realidad cuando me dijo que mi única arma sería la persuasión porque las resoluciones de 1783 no tenían peso legal». Dicho y hecho. Después de generar toda la complicidad del mundo con Manuel Olmedo Checa, comenzó su campaña. Las puertas del congreso no se abrían y sin embargo las simpatías crecían alrededor.

«Ahora que he sido condecorada tengo que recordar a quienes me ayudaron, por supuesto Manuel Olmedo, y también las Hijas de la Revolución, porque siempre estuvieron ahí para lo que necesitara, incluso cuando me vi en la calle con el cuadro y me ofrecieron guardarlo en su museo». Le preguntaban ¿qué necesitas? ¿A quién llamamos? Y ayudaron con algunas puertas. «Son las ciudadanas más patriotas y enamoradas de la historia que he conocido nunca», añade Valcarce. No olvida tampoco a la asociación malagueña que le procuró el cuadro, la Bernardo de Gálvez, ni al que ya es su pueblo, Macharaviaya.

Un día hubo suerte y un congresista, tal vez sin ser consciente de lo que se le venía encima, la escuchó. «Fue Chris van Holen, entonces mi congresista de Maryland, el que me recibió. Cuando le conté toda la historia, se quedó boquiabierto y me espetó: repita lo que acaba de decir, desde el principio». Esa era la fuerza, la historia de una deuda contraída con un héroe de olvidado como la promesa de reconocimiento que Estados Unidos no había sabido cumplir. En un país mestizo, la historia era oro puro. «El río Hudson se llamaba antes San Antonio, el primer inmigrante en Manhattan era dominicano…»

Pero el Congreso rechazó la idea de poner el cuadro. «Con cada caída me levantaba más fuerte, porque veía mayor apoyo», rememora. Mensajes desde los dos lados del Atlántico le animaban a seguir. Y así llegó al Senado. «Fue Roberto Menéndez quien aceptó el cuadro, pero no podemos olvidar a Jeff Miller, ya retirado, porque él vio en este largo debate el momento idóneo para reactivar una moción rechazada en 2007, la de hacer a Gálvez ciudadano honorario, como ocurrió en diciembre de 2014». Y allí está el retrato, en la sala en la que el Senado recibe a mandatarios extranjeros. Teresa ha acudido alguna vez a verlo «porque llegar allí es difícil», nos dice, sin darse cuenta de que esa frase resume toda su porfía.

Entre las anécdotas de este viaje destaca que Guillermo Fesser, la mitad de Gomaespuma, también se sintió tocado por la historia de Gálvez y el ejemplo Teresa Valcarce. Ha publicado un libro titulado «Conoce a Bernardo de Gálvez» en el que ella tiene un papel nada decorativo. Con la ciudadanía honorífica y el cuadro en el Senado, lo cierto es que se ha impulsado el estudio en los colegios estadounidenses de la figura del héroe español y genuinamente americano, máxime en un momento en el que lo hispano está de actualidad. Algunos docentes emplean el libro en sus clases y allí descubren con sorpresa que «Mari Pancartas», la mujer que se manifestaba y llamaba a todas las puertas para defender a Galvez del olvido, existe en realidad. «Y a veces me laman y me siento muy orgullosa de ir a los colegios a hablar de don Bernardo y contar que, como decía María de Villota, logré lo que logré porque no sabía que era imposible».

Esta patriota incansable sigue la actualidad política española desde Washington con preocupación y tratando de explicar a sus hijos algo muy difícil de entender en un país siempre orgulloso de sus valores compartidos.

Con la condecoración recibida, esta Malagueña de adopción y orígenes gallegos se acuerda también de su familia, de su padre ya fallecido, de su madre, tan orgullosa, y de su hermana, la bromista que siempre le recuerda con sorna: «No olvides que saliste de Ferrol D. C. [entonces “del Caudillo”] a Washington D.C., y allí has triunfado».

 

 

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