Vídeo: Maka actuará en la Feria de Algarrobo el 5 de Agosto, un músico con millones de reproducciones en redes

Información procedente de www.notodo.com

El cantaor MC que rehace la idea de fusión por la vía del rap

¿Un cantaor MC? ¿El quejío del hip-hop en la voz de un ex presidiario granaíno? ¿La nueva música fusión rehace las raíces desde el beat urbano? ¿Un cantaor tirando de autotune? ¿Es el trap la Nueva Fusión Flamenca?

En los últimos años, la relación del hip-hop con la música de raíz más tradicional y salvaje, sobre todo con el flamenco, la rumba y derivados, se ha visto en varias voces: desde aquella búsqueda del gitanismo de extrarradio de La Excepción al rap jondo y salvaje de La Mala Rodríguez, la revuelta quinqui y rumbera de El Coleta y el Jarfaiter o, más recientemente, propuestas como las de C. Tangana (en su colaboración con su pareja la cantaora millennial Rosalía) o Dellafuente.

Y es precisamente este último uno de los compañeros generacionales de Maka, posiblemente la propuesta que más ha hecho por acercar el flamenco al rap y viceversa, fundiendo y confundiendo los géneros en una propuesta tan kamikaze, cruda, salvaje y real como neotradicionalista y vanguardista.

Flamenco desde la cuna

Francisco Javier Rodríguez Morales se ha criado en el barrio granaíno del Almanjáyar y en Rey Badis, uno de los barrios más flamencos y deprimidos de la provincia andaluza. De padres músicos y abuelo cantaor, comenzó a ser consciente de su potencial como músico cuando su madre se lo encontró cantando una canción en su cuarto de José El Francés, una influencia que acabaría mezclando con su interés por la música tanto de La Mala Rodríguez como de proyectos tan mestizos e incomprendidos como Ketama o La Barbería del Sur; y la inevitable influencia que imprimió su hermano, que grababa destrangis discos de tótems del rap americano como 2Pac o Notorius B.I.G. a la gente del barrio.

Más tarde se convertiría en Maka, un rapero de barrio que no dejaría de hacer caso a sus raíces, pero sin perder el olfato de la calle; el mismo que lo llevaría a prisión y a cumplir tres de los cuatro años que pasó en la prisión de Albolote por el atraco a un salón de juego y posesión de hachís.

Fue allí donde cambió la dimensión de Maka: pasó de ser un rapero semidesconocido a ser una de las figuras a las que más atención se le prestó tras el documental Esperanza se escribe con H, en donde aparecían diferentes raperos recluidas en distintas cárceles estatales. Luego llegaría P.N.A., las siglas de Polígono Norte Almanjáyar, en donde comenzó a trabajar con sus socios más visibles, el productor Vicente ‘El Vizio’, y un Dellafuente que conseguiría mayor expansión en el circuito alternativo hace unos meses tras la publicación de Ansia viva con el sello Canadá.

Nueva fusión flamenca

Así le gusta definir a su sonido, sin intentar hacer esas contracciones de palabras tan divertidas y ricas en etiquetado como nos gusta a la prensa musical: ni trapmenco ni flamen-hop ni latin-flamen-rap: a él le gusta hablar de su sonido como “nueva fusión flamenca”, como se ha hecho a lo largo de las décadas desde Ketama o Ray Heredia a Diego Amador, Veneno, Diego El Cigala, Pata Negra, Jorge Pardo o el Niño de Elche.

Si P.N.A. fue el álbum que comenzaría a extender los primeros visos de la genética de un sonido especialmente atrevido, ese mismo atrevimiento crecería aun más con sus siguientes movimientos: un año más tarde llegarían tanto PVREZA como Makanudo, ejercicios en los que imprimiría su quejido sobre cadencias trap (en canciones como Te lo cambio) pero donde comenzaría a hacer sus primeras inyecciones a ritmos latinos como el reggaetón (como en Te pedí tiempo que mata, Mi palpitar, Vuela, Hoy la he vuelto a ver o Contigo no juego), el electro latino (en Vine a disfrutar o Wao Wao), el mambo (Mambo Almajayero), la salsa (Deja de llorar) o la bachata (Dime lo que piensas).

Pero, ¿en qué punto se distancia el sonido de Maka del de las incursiones de PXXR GVNG (o LOS SANTOS) con su álter ego latino, La mafia del amor?

De la raíz a la discoteca (y viceversa)

Realmente fue su ejercicio más reciente, Raíces, el que redimensionó la carrera de Maka. Eso y la expansión en paralelo de su socio Dellafuente, con el que ha confesado que está trabajando en un álbum a dos, firmado a pachas, y no de colaboraciones puntuales y circulares como han hecho hasta ahora.

Y es que Raíces consigue imprimir de manera especialmente equilibrada lo que había insinuado en sus primeros ejercicios: aquí no gobierna el contrapeso de ningún ritmo predominante, sino que conviven a la vez el hip-hop, el quejío flamenco, las nuevas trazas de cadencias urbanas como el trap o el r&b y también ritmos latinos como el reggaetón o la salsa.

No es raro que canciones que entre sus canciones más oídas suene su quejío flamenco penetrando con solvencia en canciones que coquetean con el reggaetón de radiofórmula (Curando cicatrices o Quiero volar), el medio tiempo electrolatino a lo Juan Magán (Mi primer amor o De la cabeza me voy), la salsa a lo Marc Anthony (Juega conmigo), el reggae-dub (Qué será), el r&b jondo (Si no es contigo), la rumbita pop tan cerca de Los Caños como de Miguel Campello (Mi religión) o el trap más desgarradoramente flamenco, como demuestra en algunas de sus mejores canciones hasta la fecha, como Donde nacen los dolores, A veces lo pienso, Mi pena o De nada me fío, entre otras.

El nuevo sonido de raíz sigue sonando salvaje, pero también tiene las interferencias de los cables y el autotune.

 

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