Detrás de la figura pública del director conservador del Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama existe un solícito y afable hombre de a pie que, por encima de todo, disfruta con su trabajo.

Por Mariló V. Oyonarte.
Fotografías de Carlos Luengo.
En coordinación con Alhama Comunicación

El macizo de Tejeda, Almijara y Alhama, con sus 40.663 hectáreas de extensión, está formado por tres sierras alineadas que hacen de límite natural entre las provincias de Málaga y Granada. Protegido como Parque Natural desde el año 1999, se encuentra asimismo integrado en la Red Europea de Espacios Protegidos Natura 2000 y fue calificado como Zona de Especial Conservación y Zona de Especial Protección para Aves. La gestión de este Parque Natural es compartida por las dos provincias, por ser territorio limítrofe entre ambas. Una línea en el mapa que no las separa sino que, al contrario, las une a través de sendos pasos estratégicos entre las cumbres que se han utilizado durante siglos: los puertos de montaña. Los municipios asentados en las laderas de Tejeda, Almijara y Alhama, ya sean los turísticos del lado malagueño o los agrícolas del granadino -a primera vista tan distintos entre sí- tienen en común más de lo que parece, y no es sólo el macizo que comparten, sino también una historia común, lazos familiares y, sobre todo, el sentir de sus habitantes, que aman incondicionalmente las montañas de las que han dependido para subsistir durante muchas generaciones. Desde hace diez años, al frente de la dirección y gestión de este importante espacio natural protegido se encuentra Ricardo Alfonso Salas de la Vega.

Ricardo tiene 59 años de edad y es natural de Santisteban del Puerto, en la provincia de Jaén, un pueblo cercano a Sierra Morena. Cursó sus estudios en la ciudad de Jaén marchando posteriormente a Madrid, donde estudió la carrera de Ingeniería de Montes. Se doctoró por la Universidad de Córdoba, de la que es profesor colaborador junto con la de Málaga, y pertenece por oposición al Cuerpo de Ingenieros de Montes del Estado. Desde hace aproximadamente un año, forma parte como académico de mérito de la Academia Malagueña de Ciencias. Recién licenciado, nuestro protagonista pasó una primera etapa en Ávila, pero volvió a Andalucía y desde el año 1990 ha venido desempeñando su labor como máximo responsable -junto con los delegados territoriales de las provincias de Málaga y Granada- de la gestión de diferentes espacios naturales protegidos. Por fin, en el año 2008, fue propuesto como director conservador del Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, puesto de libre designación dependiente de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, cargo que ocupa en la actualidad. Toda la carrera profesional de Ricardo está ligada, pues, al mundo natural. Con él tuvimos la oportunidad de charlar tranquilamente mientras dábamos un agradable paseo por algunos de los parajes más representativos de Tejeda, Almijara y Alhama.

Nuestra primera cita tuvo lugar en el histórico paraje de La Resinera de Fornes (Granada), lugar que presentaba un aspecto inmejorable después de varias semanas de lluvias continuadas. A la luz de una típica mañana de principios de primavera, con el rumor del cercano -y crecido- río Cacín como música de fondo, nos sentamos en el interior del recinto, ante una mesa de madera que mostraba la pátina inconfundible de años de intemperie. Ricardo Salas propició enseguida un ambiente distendido animando a tutearnos, y así, sin más preámbulos, dio comienzo nuestra charla.

P: Ricardo, eres director conservador del Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama desde el año 2008. ¿Conocías con anterioridad este espacio natural o llegaste aquí, como suele decirse, de primeras?

R: Sí había tenido la ocasión de venir aquí de visita, con anterioridad al cargo. De hecho, ya conocía la Resinera y varios pueblos cercanos desde antes incluso de que este territorio fuera declarado parque natural.

El parque es una gran unidad, un todo sin distinciones provinciales

Hace bastantes años que vengo siendo director conservador de distintos espacios naturales protegidos: el Parque Natural de los Montes de Málaga, el Parque Natural de la Sierra de las Nieves, el de la Sierra de Grazalema dos y el Parque de los Alcornocales dos, por lo tanto, mi vinculación con el entorno natural viene ya de lejos. Cuando me propusieron ser director conservador del Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama conocía sobre todo la zona del parque perteneciente a Málaga, aunque no me gusta considerar que hay una parte malagueña o una parte granadina; para mí, igual que para todos los que gestionamos los recursos de este espacio protegido, el parque es una gran unidad, un todo sin distinciones provinciales.

P: ¿Qué aspectos te gustan más de tu trabajo? ¿Y menos?

R: No hay aspectos que no me gusten. Unos son más interesantes que otros, eso sí; estar sentado en la oficina rellenando informes y realizando tareas administrativas es algo rutinario, pues este trabajo tiene una importante labor burocrática, pero también hay que hacerla. Y se compensa con otro tipo de tareas como las salidas frecuentes al medio natural. Llevar la dirección de un parque implica muchos aspectos diferentes como trabajar con mucha gente, relacionarse a nivel institucional con toda la Consejería de Medio Ambiente, además de ayuntamientos, alcaldes y asociaciones de los pueblos que integran el territorio del parque. También se atienden y se intentan solucionar, o al menos darles una respuesta satisfactoria, los problemas y quejas que nos plantean las personas particulares, manteniéndonos siempre bajo el amparo de la Norma. Porque hay veces en las que, por mucho que empaticemos y queramos ayudar, no nos es posible ya que la Norma lo impide, y es un elemento clave el no pasar por encima de leyes ni decretos.

P: A lo largo del tiempo en que vienes ocupando el cargo de director conservador de este parque, ¿ha habido cambios sustanciales en el espacio natural, o básicamente se ha continuado con la línea llevada a cabo por la anterior dirección?

R: En general no hay diferencias importantes entre la gestión de la antigua dirección, llevada desde el año 2000 hasta el 2007 por Antonio Pulido, y la actual. La idea básica, promocionar y potenciar el parque a la vez que protegerlo, no ha cambiado; el día a día y los problemas son parecidos a los de antes de llegar yo a la dirección salvo en un aspecto: el de la afluencia de público. Nuestra premisa principal es fomentar los recursos naturales sin degradar y sin perjuicio del parque, ya que entonces no tendría sentido llamarlo parque natural. Digamos que el escenario es el mismo, pero los actores han cambiado, porque donde antes venían cinco, ahora vienen cincuenta: paseantes, familias, senderistas, deportistas federados, etcétera. Hay cada vez más oferta de pruebas deportivas oficiales dentro de los límites del parque, pues la sociedad lo está demandando. También ha

También ha aumentado el número de empresas de turismo activo, que no hacen sino atraer aún más gente, y todo va sumando

aumentado el número de empresas de turismo activo, que no hacen sino atraer aún más gente, y todo va sumando. Éste es un fenómeno imparable, y los mecanismos de gestión de este espacio natural intentan compatibilizar esas actividades de ocio con la conservación, que es nuestro fin. Son más de cuarenta mil hectáreas de territorio para proteger y para lograrlo hay que contar con la colaboración de todos. No se puede estar en todas partes a la vez: debemos confiar no sólo en nuestros propios recursos como gestores, sino también en el apoyo de quienes visitan el parque natural.

P: En los últimos años estamos siendo testigos de un gran auge de los deportes al aire libre como el senderismo, el montañismo y las competiciones campo a través. Por una parte estas actividades promocionan los espacios naturales, pero a la vez pueden ser perjudiciales para la conservación de los parajes más frágiles. ¿Cómo pueden compaginarse de forma efectiva promoción y conservación?

R: Lo principal es que esa promoción llegue hasta un umbral determinado que sirva para acotar y regular la afluencia masiva de personas a esos parajes. Ahí está el caso del río Chíllar y las aglomeraciones, problema que podría extenderse a otros ríos como el Cebollón. Las masificaciones deben evitarse en un espacio protegido, es decir, hay que disfrutarlo sin degradar. La ley dice que el tránsito por los cauces de los ríos es libre y consecuentemente no se puede prohibir el acceso, pero sí debemos regularlo a través de una serie de normativas que indiquen lo que se debe y lo que no se debe hacer, acordes con las que rigen otros parques, porque la unidad de criterio es importante. Todo puede estar bien regulado, pero si la gente no cambia de mentalidad y se conciencia de que la naturaleza es vulnerable, no tenemos nada que hacer. Un parque natural no puede ser un santuario donde no pueda entrar nadie; no se pueden poner puertas al campo, pero sí se pueden aprovechar los espacios protegidos siempre y cuando se potencien sin masificar, se pongan en valor los recursos naturales de cada lugar y se fomente su aprovechamiento sostenible. Poco a poco se van consiguiendo metas, pero queda mucho por hacer.

P: Existen posiciones encontradas entre quienes abogan por la promoción turística del parque y quienes opinan que cuanto más accesible sea, a más peligros se le expone. La cuestión de la señalización y desbroce de más senderos, por ejemplo, tiene partidarios y detractores por igual. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

R: Cada actuación en un espacio protegido debe contar con el máximo de garantías para su mantenimiento y buen estado de conservación. El parque tiene ofertados quince senderos oficiales (que se pueden consultar en la web de la Consejería de Medio Ambiente) equipados, señalizados y publicitados adecuadamente, que cumplen con las normas de seguridad para la práctica de deportes al aire libre y así evitar accidentes; se encarga de mantenerlos en el mejor estado a lo largo de todo el año, y se responsabiliza de ellos. Pero no son los únicos con los que cuenta este espacio; en Tejeda, Almijara y Alhama hay muchos más, y no todos se encuentran en un estado óptimo. Estas sierras son muy agrestes y el terreno es complicado, sería materialmente imposible mantenerlos todos en buenas condiciones pues no hay capacidad para más, respecto a personal y medios económicos. Ahora bien, no está prohibido caminar por esos otros senderos, por ello hay que apelar al sentido común de cada persona que se adentra en el parque. Y no sólo por su propia seguridad, sino también por la conservación: no se pueden pisar plantas protegidas, hacer acopio de fósiles o minerales, tampoco destruir nidos de pájaros o insectos, etcétera.

P: Respecto a las poblaciones de especies cinegéticas como ciervos, cabras monteses, jabalíes, aves y caza menor, existen también opiniones diversas. Según unos ya no se ven animales en la sierra, mientras que otros advierten de que ciertas especies se están convirtiendo en una plaga para los cultivos. ¿Cuál es la situación real?

R: A ese respecto no valen las opiniones personales: hay que ceñirse a los datos. La población tanto cinegética como de otras especies ha aumentado sensiblemente en los últimos años. No hay depredadores naturales, y para mantener el equilibrio ecológico la caza está regulada en el parque; así se determinan cuántos animales pueden eliminarse cada temporada. La regulación de la actividad cinegética permitida y los continuos estudios, muestreos y censos que se realizan de las poblaciones animales demuestran que la fauna va en aumento. Pero

La población tanto cinegética como de otras especies ha aumentado sensiblemente en los últimos años

nunca se pueden dar cifras exactas, ya que el número de animales fluctúa continuamente por nacimientos y muertes, ya sean naturales o debidas a otras causas. Sí existen algunas especies autóctonas en peligro de extinción, como es el sapo partero, afectado en los últimos años por una enfermedad fúngica (hongos) que ha diezmado considerablemente su población, pero se trabaja para evitar que continúe esa progresión. Hay que decir también que una especie que estaba seriamente amenazada, el cangrejo común, se ha recuperado tan espectacularmente que ya ha desplazado a su competidor, el cangrejo americano, y en la actualidad es Tejeda, Almijara y Alhama el parque que cuenta con la mayor población de cangrejos comunes de Andalucía. Puntualmente se realizan repoblaciones de especies autóctonas como el cangrejo común, la trucha común o el corzo, para mantener sanas las poblaciones y continuar en la línea de su conservación. En este sentido es imprescindible contar con la colaboración de los visitantes del parque, evitando la masificación y en algunos casos el acceso en torno a los hábitats naturales de estas especies, especialmente en épocas de celo y cría.

P: El furtivismo sigue siendo una práctica frecuente en Tejeda, Almijara y Alhama. ¿Cómo se lucha contra esa actividad, tan dañina para la fauna de un lugar protegido?

R: La caza furtiva es un hecho que ha existido siempre y por ello resulta muy difícil de erradicar. Se trata de un problema complejo, pues esa actividad está muy enraizada en algunos lugares; afortunadamente hoy en día se cuenta con ayudas que antes no se tenían, como es el hecho de poder atrapar y juzgar a los cazadores furtivos. La caza es necesaria dentro del parque para controlar las poblaciones de varias especies que de otra manera podrían convertirse en un problema, pero se trata de caza seleccionada. Nosotros nos hemos reunido con los alcaldes de los pueblos dentro del territorio del parque para tratar este tema; se colocaron barreras que impiden el paso de vehículos en algunos caminos como medida de control, porque ello disuade a los furtivos: no es lo mismo llevarse las piezas cazadas en el maletero del coche, que cargadas sobre los hombros. Las barreras en los caminos no son una medida popular, pero es un pequeño sacrificio que se nos pide a todos en aras de la conservación de la fauna del parque, que debe ser asunto prioritario.

P: Aunque cada vez es mayor la concienciación ciudadana respecto al cuidado de los espacios naturales, todavía queda mucho por hacer. La acumulación de basuras y los daños en instalaciones públicas como señalizaciones, fuentes, paneles informativos y casetas contra incendios, por ejemplo, lo confirman. ¿Cómo debería ser una campaña de concienciación para que resultase realmente efectiva?

R: Lo principal es no dejar de insistir en ello programando cada vez más actividades educativas para niños y adultos, animando a conocer los parques naturales adquiriendo información previa, ya sea mediante rutas guiadas por profesionales especializados o informándose por otros canales, como lecturas alusivas al espacio natural, porque está demostrado que si un sitio se conoce bien, se termina valorando justamente y se va a cuidar. Es este un tema difícil de controlar porque hay mucha gente respetuosa, pero desgraciadamente también existe la que no lo es; de ahí la necesidad de seguir informando, educando y concienciando con todos los medios a nuestro alcance.

P: Estas montañas tienen una orografía muy escarpada y abundan en ellas los lugares de difícil acceso. ¿Considera que el problema de los incendios forestales está suficientemente controlado?

R: Los incendios fortuitos son siempre difíciles de predecir y controlar. Son muchos los factores a tener en cuenta: la gente que entra en el parque y pudiera tener un descuido que provoque un incendio, las hectáreas de terreno a vigilar y efectivamente, los lugares a los que es difícil llegar en poco tiempo, ya que la rapidez de respuesta es fundamental para controlar un fuego. Caso aparte sería el de los incendios provocados; todo depende de la “mala idea” que tenga el incendiario y de su conocimiento del terreno, porque en un día pueden arder muchas hectáreas dependiendo de la orografía y del viento, ya que los cortafuegos sirven de poco cuando alguien va con la intención de quemar el monte: siempre busca dónde y cómo prender para que el fuego se extienda rápidamente. Es físicamente imposible tenerlo todo vigilado. Pero contamos hoy en día con la ventaja de que quienes provocan incendios no quedan impunes: existen brigadas de investigación muy efectivas, que cogen a estos desequilibrados (porque no se les puede llamar de otro modo) y tribunales para juzgarlos, y eso disuade a muchos, afortunadamente. Gracias a estas y otras actuaciones, se puede decir que los incendios tienen bastante menos incidencia en el parque que hace unos años.

P: ¿Qué futuro le espera al Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama al hilo de próximas actuaciones?

R: En esencia se continuará con la línea seguida hasta ahora: seguir reactivando la zona del parque y los pueblos que lo delimitan ampliando, mejorando y conservando las instalaciones gradualmente, en la medida que sea posible y vaya siendo demandado; desbrozando y señalizando nuevos senderos destinados a la práctica de deporte, a la actividad cinegética y a la lucha contra los incendios (también se está estudiando la recuperación de viejos caminos de arriería y otras estructuras de valor histórico); ofertando cada vez más servicios de calidad, encaminados al disfrute del parque a la vez que eviten las masificaciones; promocionando las actividades sostenibles dentro de su territorio, fomentando actividades que se centren en la concienciación y el cambio de enfoque de las personas que lo visiten, etcétera.

P: Algún día terminará tu labor como director conservador del parque. ¿Cómo te gustaría que se recordase tu gestión?

R: Me gustaría que el público se acercara concienciado, porque el parque puede acoger a mucha gente pero tiene que ser ordenadamente, evitando aglomeraciones; que todos vengan con espíritu de aprender, de conservar, de observar con respeto, y que entre todos consigamos erradicar costumbres que sabemos que son

El parque puede acoger a mucha gente pero tiene que ser ordenadamente, evitando aglomeraciones

perjudiciales para el entorno. Lo ideal sería que el parque genere actividad económica, que sea un elemento dinamizador en la zona, que la gente joven compruebe que esta actividad, bien regulada y ordenada, tiene futuro; que se formen adecuadamente para convertirse en profesionales y de ese modo se evite, o al menos disminuya, el despoblamiento de las zonas rurales. Esta comarca merece ser valorada, igual que ocurre en otros parques de Andalucía. Espero poner mi granito de arena para que eso se consiga.

Terminó ahí nuestra conversación, pero habían quedado pendientes más cuestiones que se resolvieron a los pocos días, en una segunda cita: esta vez fue en el bello paraje de El Alcázar, en el término de Alcaucín (Málaga). El tiempo había mejorado sensiblemente y la mañana nos permitió dar un largo paseo con Ricardo por aquellos parajes de Sierra Tejeda, pasando por lugares tan conocidos como el antiguo cortijo de La Alcauca, hoy convertido en área recreativa, la Peña de Romero, bonito balcón a caballo entre las provincias malagueña y granadina y el Mirador de Pedro Aguilar, construido en homenaje al magnífico profesional que fue durante muchos años Guarda Mayor en esa zona del parque natural. Esta vez caminamos y conversamos con Ricardo sin hacerle preguntas, dejando que él hablase libremente, expresando en cada momento -es, indudablemente, un gran conversador- lo que le pasaba por la cabeza; lo que le sugerían y le recordaban aquellos lugares.

Descubrimos entonces al hombre que es cuando se despoja de las vestiduras del cargo público: alguien que sabe disfrutar del momento presente, que le entusiasma compartir lo que sabe y a quien, evidentemente, le encanta su trabajo. Convertido espontáneamente en nuestro guía por el Alcázar, Ricardo nos explicaba con todo detalle cómo se llevan a cabo los trabajos de reforestación con la moderna técnica de ir cortando los pinos a medida que encinas y alcornoques jóvenes van creciendo, para que aquéllos cedan su espacio a éstos -los pinares protegen con su sombra a encinas y alcornoques mientras son plantitas vulnerables-; es una técnica natural y beneficiosa, que va restaurando poco a poco el original bosque mediterráneo que un día cubrió estas montañas. Al alcanzar el Mirador de Pedro Aguilar nos mostró el helipuerto y el depósito de agua de aproximadamente un millón doscientos cincuenta mil litros, según creía recordar, y disfrutaba a ojos vista mientras nos describía pormenorizadamente la hermosa panorámica -que conoce a la perfección- que se divisa desde ese punto estratégico. Cuando llegamos finalmente al paraje del Alcázar nos habló sobre sus instalaciones y, mientras nos internábamos tras él por el Sendero Botánico, comentó ilusionado la futura construcción del Mirador de los Tajos del Alcázar, un espectacular barranco excavado por el arroyo Alcázar, catalogado desde el año 2012 como Monumento Natural.

El parque natural, contaba Ricardo, va mejorando poco a poco; en primer lugar, se equipan las zonas más frecuentadas por el público, para ir gradualmente, en función de la demanda y los medios disponibles, ampliando el radio de actuación. Hablaba de un término inventado por él mismo ,”pensar con espíritu forestal”, que consiste en tener claro que la labor de conservación de un espacio natural es un trabajo a largo plazo, del que seguramente nosotros no veremos los resultados, pero sí nuestros hijos, nietos y las generaciones futuras. “Esto es como plantar un árbol sabiendo que no llegarás a sentarte bajo su sombra, pero que detrás de nosotros vendrá quien lo vea alto y fuerte, aunque luego no sepa ni el nombre de quién lo plantó”, afirmaba. “Saber es hacer” es su lema y el de todos los que colaboran con él en la gestión de ese espacio natural. “Hay que poner en práctica lo que se sabe para que permanezca al servicio de todos, ésa es nuestra consigna”, aseguraba. A esa misión -conservar y difundir los valores de los espacios naturales protegidos- es a la que Ricardo lleva dedicando su esfuerzo diario, veintiocho años ya. También indicó que no sabía si se jubilaría en ese cargo, y que entendía que la renovación y la llegada de gente con ideas nuevas era buena y necesaria para avanzar en este esfuerzo, que debe ser común.

Tras unas horas de ilustrativo recorrido, llegó para todos el momento del adiós -que diría el poeta-. Nos despedimos de un Ricardo Salas cercano y jovial, diferente del personaje público al que solemos escuchar en entrevistas y actos institucionales; un hombre afortunado, plenamente consciente de serlo, que no dudó en acudir por dos veces a su cita con nosotros desde Málaga capital, algo muy de agradecer teniendo en cuenta que es un hombre ocupado. Gracias pues, amigo Ricardo, por tu disponibilidad; por compartir con nosotros tu experiencia, por mostrarnos el parque a través de tu visión personal y por ser para nosotros, por un día, más que un director conservador, un guía y compañero por los hermosos caminos del Parque Natural Sierras de Tejeda, Almijara y Alhama.

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