Se conmemoran 80 años de la rebelión de las mujeres gitanas en el campo de concentración de Auschwitz

El 16 de mayo es el Día de la Resistencia Gitana, conmemorando la rebelión de los gitanos en el campo de concentración de Auschwitz en 1944.

En mayo de 1944 Josef Mengele, el médico del campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, informó a Georg Bonigut, uno de los encargados de seguridad del lugar, sobre la decisión que había tomado la oficina central de seguridad del III Reich de aniquilar el Sector BIIe a su cargo, el de los gitanos. En el lenguaje de los nacionalsocialistas, la aniquilación de un campo significaba la muerte de sus ocupantes en las cámaras de gas.



Por una razón desconocida, Bonigut se acercó la noche del 15 de mayo al polaco Tadeusz Joachimowski, quien además de ser preso político ejercía como escribano y trabajador “administrativo” de ese sector del campo y lo alertó: “La cosa en el área de los gitanos se pondrá dura; hay una orden para liquidarlos”, le confió al tiempo que lo instruyó para que alertara a los presos sintíes y romaníes –como se autodenominan los gitanos europeos– que creyera prudente.

La estimación oficial indica que en ese momento había alrededor de seis mil presos de origen gitano en el campo de Auschwitz.

Joachimowski comunicó la noticia a un par de prisioneros, quienes a su vez advirtieron a toda la comunidad sobre la inminente acción que tendría lugar al día siguiente. Lo que sucedió la noche del 16 de mayo de 1944 lo relató después el propio Joachimowski: “Ese día, cerca de las 19:00 horas, escuché el gong que anunciaba el bloqueo del campo. Hasta el sector de los gitanos llegaron vehículos de los que descendieron entre 50 y 60 hombres de las SS  armados con metralletas y comenzaron a rodear las barracas que hacían el papel de alojamientos. Algunos de ellos entraron a las barracas y al grito de ‘¡Vamos! ¡Vamos!’ les ordenaron salir”.

Como en todas las operaciones de liquidación, los presos tenían que abordar los camiones de carga que los transportaban hacia la zona de los crematorios, donde también se ubicaban las cámaras de gas. Pero esa noche nadie salió. Según el testigo, dentro de las barracas reinó un silencio absoluto y los miles de hombres, mujeres y niños que ahí habitaban se atrincheraron, negándose rotundamente a abandonarlas. Muchos habían logrado armarse con cuchillos, palancas y piedras. Estaban decididos.

El testimonio de Joachimowski continúa: “Entre los hombres de las SS hubo inseguridad y desconcierto. Tras una breve conversación, unos se dirigieron hacia el bloque donde se ubicaba la comandancia que dirigía la acción. Después de un rato, escuché el silbido que ordenaba a los hombres que rodeaban las barracas retirarse. Volvieron a sus vehículos y se marcharon. El día siguiente, Bonigut vino a mí y me dijo: ‘Por ahora los gitanos están a salvo’. Fue así que el primer intento de liquidarlos fracasó”.

El relato de Joachimowski es parte de las numerosas y exhaustivas declaraciones que él mismo hizo al término de la guerra sobre lo que atestiguó y que forman parte de la bibliografía oficial del Memorial Auschwitz-Birkenau. Como escribano de ese sector del campo, siempre estuvo bien informado sobre los sucesos y, de hecho, gracias a él es que el libro de registro de los gitanos pudo ser recuperado y utilizado como una valiosa fuente de información para la historia. Su testimonio, además, es la base de los pocos registros que documentan la resistencia de los miles de gitanos que fueron aniquilados en este campo de exterminio, pese a que, junto con los judíos, fue una de las etnias que el régimen nazi se propuso exterminar. Aunque se desconoce la cantidad exacta de miembros de esta comunidad que fueron asesinados, el Consejo Central de Sintíes y Romaníes de Alemania asegura que fueron alrededor de medio millón. Al menos, 22.000 mil de los mismos, en Auschwitz.

 

 




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