Ana Victoria Márquez, violinista: “la música es la mejor acompañante del mundo”

La intérprete de Caleta de Vélez confiesa desde La Haya que “echo de menos un puchero calentito con mi familia”.

Más de 2.200 kilómetros separan La Haya, en Países Bajos, de la Axarquía, desde nos atiende Ana Victoria Márquez González, la violinista de Caleta de Vélez que ha recibido hace pocas fechas un reconocimiento especial de manos del teniente de alcalde de la localidad, David Segura, “por su trayectoria musical que traspasa fronteras”. Nueve grados de temperatura y una humedad del 87% en la sede del gobierno de los Países Bajos en el momento fijado para esta entrevista, las 17:30 horas. “Mucho frío y noche cerrada”, apunta Ana, un frío que, sin embargo, ella convierte en calidez a través del teléfono. Quizá por eso, por las bajas temperaturas y por su calor humano, saque a colación hasta dos veces lo que más echa de menos. No deja de agradecer continuamente la llamada para saber más sobre su vida y carrera. “¡Que ilusión!”, afirma esta violinista que asegura que “la música es la mejor acompañante del mundo; nunca te vas a sentir sola con un instrumento al lado”.



Márquez González es violinista graduada en el Superior HKU Utrechts Conservatorium por Interpretación y especialidad en Pedagogía. Actualmente cursa un máster en Interpretación y Orquesta en The Royal Conservatoire of The Hague. También es profesora de violín en la Muziek Educatie Centrum de Ámsterdam. Y sólo tiene 25 años. Con 19 de edad “voló” rumbo a La Haya y allí sigue formándose desde los siete, cuando iniciara sus estudios musicales en el Conservatorio José Hidalgo de Torre del Mar. “Terminar mi máster es el gran proyecto” en el que está embarcada, cuenta Ana Victoria. “Conlleva mucha exigencia y lo principal ahora para mí es terminarlo”, sigue la intérprete. Pero no se va a quedar ahí, y de hecho, ya piensa en un doctorado sobre música programática “vinculada a la práctica del violín y cómo está influenciada por distintas artes”.

Pero, ¿qué significa la música para la violinista caleteña? Ante todo, es cultura. “Para mí es muy importante como artista y uno de mis objetivos principales; la cultura tiene que ser accesible para todo el mundo”, asegura. Al respecto reflexiona que el acceso a la cultura tiene que ser especialmente potenciado “en pequeños pueblecitos y localidades”. Y en cuanto a los conciertos y espectáculos de música clásica que se programan por la Axarquía los considera aún “poco accesibles”, añadiendo que “existe el mito de que ir a un concierto o a una obra de teatro es sólo para la alta sociedad, y no es así”.

Por lo que se refiere al galardón que recibió en Caleta de Vélez, de donde es Ana Victoria Márquez y su familia, lo recibió con enorme ilusión “no por quien soy, sino por lo que hago”. Asegura que cuando interpreta con su violín en los numerosos conciertos en los que actúa “pongo mis raíces por delante”. Este reconocimiento es, para Ana Victoria, “un primer pasito importante para Caleta de Vélez, la Axarquía y Málaga a la hora de acercar la cultura y la música” a la ciudadanía en general.

Ahondando en su carrera, la música dice no poder diferenciar a la artista de la persona, ya que “no hay una cosa sin la otra”. Le gusta el jazz, que también lo interpreta, pero no sólo eso. De hecho, trabaja en un proyecto en Holanda basado en el flamenco con el guitarrista cordobés Miguel Villanueva y en el que también ha implicado a uno de los trombonistas más veteranos del legendario grupo de música cubana Buena Vista Social Club, ganador de un Grammy. Además, Ana Victoria es una de las componentes de la orquesta Cinemusic, especializada en bandas sonoras de cine. “Si lo pones todo eso junto, ahí estoy yo”, apunta la violinista.

De sus inicios recuerda, especialmente, su paso por el Conservatorio José Hidalgo de Torre del Mar y el Conservatorio Martín Tenllado de Málaga. “Fueron mis padres los que me inculcaron el amor por el violín, yo sólo conocía el piano”, relata. En esta última etapa formativa e interpretativa, apunta especialmente a su profesora británica Lis Perry, “una violinista súper inspiradora y de las mejores de Europa” a la que conoció en La Haya.

En el ámbito más personal, la caleteña insiste en que “el violín es la forma más pura de expresarme”, y es que “donde no llega la palabra, llega la música”. Para ella, este instrumento “ha sido una fórmula de escape en los momentos más difíciles y para expresar felicidad en los más alegres”. Sigue contando que “cuando tocas ante más de 2.000 personas percibes una energía increíble, algo que es difícil de explicar”, especialmente cuando los focos la apuntan en alguna pieza y suena su violín.

Hay más, continúa desvelando. “Quiero traer a los teatros de Málaga un dúo con Matías Gómez, un pianista mexicano, para difundir el universo de los compositores de la música clásica en España, sobre todo de los andaluces, y quiero que este proyecto arranque en la Axarquía”.

¿De qué te sientes más orgullosa de lo logrado hasta ahora?, le preguntamos. Lo piensa unos instantes y contesta: “de mi concierto de graduación en Utrechts” con matrícula de honor y del hecho de poder formar parte de la Orquesta Joven Nacional de Países Bajos y Bélgica tras ser una de las doce elegidas entre cientos de personas aspirantes para una ofrecer serie de conciertos. Entre ellos, “vamos a tocar en febrero en la Musikverein de Viena en Austria, donde se celebra el concierto de año nuevo, todo un sueño”.

Para terminar, Ana dice sobre su familia y sus raíces en Caleta de Vélez que “echo de menos todo, especialmente a mi familia, a mi madre, mi padre y mi abuela”. Explica que en La Haya el ritmo de trabajo es frenético “y te anochece a las tres de la tarde”. Entre risas, afirma que “ojalá estuviera aquí mi familia para echarme un pucherillo”. Donde reside “no hay momento para el descanso, para disfrutar de la vida; o por lo menos yo no lo he encontrado aún”, apunta cómplice.

Además del máster, hasta tres trabajos lleva Ana Victoria a sus espaldas, y le dedica al violín “todas las horas que puedo”. Un día más despejado en el ámbito laboral puede estar tocando entre cinco y ocho horas diarias. En todo caso, una media semanal de seis horas al día. Quizá, por eso, vuelve a decirnos antes de despedirse: “necesito un pucherito, por favor”. Que así sea. Y si es bien calentito, mejor. Mientras tanto, su violín sigue sonando y sonriendo de fondo sin cesar. ¿O es ella la que sonríe?




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