Los nudillos permiten identificar al agresor sexual de una niña de Málaga

La madre de la menor denunció los hechos ante la Guardia Civil que pudo cazar al individuo por las imágenes de la mano. Ahora el Instituto Armado aplica este novedoso sistema de idenficación en algunos de sus casos

Ya ha contribuido a resolver dos casos de abusos sexuales y ha sido uno de los factores determinantes para condenar a sus autores. Es la identificación a través de los pliegues de la articulación interfalángica proximal en el dorso de la mano, es decir, los nudillos, en la que la Guardia Civil es pionera.



Porque no hay un nudillo igual que otro y sus pliegues tienen una morfología específica propia de cada persona, como explica el capitán Herrero, jefe del Área de Identificación Lofoscópica del Servicio de Criminalística (Secrim) del instituto armado.

Todo empezó cuando una madre de la provincia de Málaga acudió a la Guardia Civil con fotografías en las que aparecía el dorso de una mano sobre los genitales de su hija de once años. Según la denunciante, la mano podría ser la de su pareja sentimental.

Con las fotografías como única prueba, a los especialistas de Criminalística se les ocurrió aplicar un sistema novedoso en España: intentar identificar al autor por sus nudillos.

Antes, realizaron pruebas con 250 personas, es decir, 2.500 nudillos para constatar que cada dedo tiene un pliegue propio, específico, distinto a cualquier otro. Incluso en los gemelos univitelinos son diferentes, como ocurre también con las huellas dactilares.

El sospechoso se encontraba en prisión por otro delito, pero se dejó fotografiar la mano. De este modo, y con las técnicas del laboratorio del Área de Identificación Lofoscópica, pudieron cotejar las fotografías que entregó la madre de la víctima con las que le hicieron al recluso. El cotejo no dejaba lugar a dudas.

Gracias en parte a esta identificación, al autor le han caído, en una sentencia dictada el pasado mes de mayo, diez años de cárcel, como resalta el capitán.

Ha sido así porque el tribunal le ha podido condenar no solo por abuso sexual, que supone una pena de cuatro años de prisión, sino también por pornografía infantil, un delito más castigado (seis años), ya que se pudo demostrar que la fotografía la hizo él y que era su mano.

Si no se hubiera acreditado que la mano era de la entonces pareja de la madre, la pena por posesión de pornografía hubiera sido de entre tres meses y un año de cárcel o multa de seis meses a dos años.

Otro caso en el que el equipo de Herrero analizó los nudillos fue el del exprofesor religioso del colegio La Salle Nuestra Señora Maravillas de Madrid Pedro Antonio R.L.

En el juicio celebrado el 5 de noviembre pasado, el exreligioso aceptó un acuerdo para ser condenado a 130 años de cárcel por abusos sexuales a 14 menores y otros 4 mayores de edad entre 2013 y 2016, así como por un delito de elaboración de pornografía infantil.

Sus manos aparecían en algunas fotos haciendo tocamientos. El juez autorizó a los agentes de la Guardia Civil a fotografiar sus manos para cotejar los nudillos, pero el acusado se negó.

De todos modos, la Guardia Civil, que disponía de 78 fotografías para las pruebas, logró la identificación gracias a una foto en la que aparecía el dedo índice izquierdo y el dorso del pulgar, que se usaron como referencia.

Las crestas papilares del índice estaba clara y se correspondía con la huella del acusado. Pero además, los pliegues del nudillo que aparecían en esa fotografía eran idénticos a los de otras ocho instantáneas que mostraban el dorso de la mano del exreligioso.

Ahora, el laboratorio que dirige el capitán está trabajando en otro caso de abusos a una niña, con un detenido.

Herrero cree que con este tipo de análisis se ha abierto una nueva vía de investigación para delitos que podrían haber quedado sin esclarecer. Además, la Guardia Civil ya cuenta con un protocolo para que los agentes fotografíen las manos de los arrestados por delitos sexuales.

Este novedoso sistema de identificación fue expuesto esta misma semana en unas jornadas de «Ciencia y Policía», organizadas por la Universidad de Alcalá de Henares en Sigüenza (Guadalajara), con diversas ponencias para dar a conocer las tecnologías que utiliza la Policía Judicial en la investigación de delitos.

El Secrim tuvo una importante representación para explicar algunos de las técnicas de sus laboratorios, que cuentan con 75 ensayos forenses acreditados por la Entidad Nacional de Acreditaciones (ENAC).

Una de las ponencias corrió a cargo del comandante Santillana, jefe del Departamento de Medio Ambiente del Secrim, donde se analizan desde cebos envenenados hasta mordeduras de perro, vertidos, amianto, genética animal o, como se ha hecho recientemente, el ADN de la anguila para averiguar si su alevín, la angula, ha sido traficada ilegalmente.

Santillana explica que en su laboratorio se analizan alrededor de 200 casos al año, de los que un 30 por ciento son por venenos, generalmente a animales.

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