Escrito por Mariló V. Oyonarte en colaboración con Alhama Comunicación
Fotografías y vídeos, Carlos Luengo
Esta es la mirada de oro -¿o de fuego?- de «Ponceña», un azor hembra de tres años de edad. Resulta imposible no maravillarse ante la profundidad de esas pupilas anaranjadas; inevitable no experimentar atracción hacia esos ojos fijos, hipnóticos y un punto inquietantes, que tan temibles deben resultar para los animalillos que constituyen sus presas naturales. Qué tendrán las aves rapaces que, desde que el hombre tiene conciencia de sí mismo y de sus limitaciones, lo han cautivado sin remedio. Ellas, que fueron las legítimas soberanas del arco celeste hasta que llegaron los aviones y otros artefactos voladores mancillando el espacio aéreo con sus siluetas de hierro, el estruendo de sus motores y las feísimas estelas rectilíneas que, como cicatrices blancas contra el cielo azul, delatan su paso sobre nuestras cabezas. Qué tendrán las aves rapaces que ya en tiempos de los egipcios fueron admiradas hasta el punto de que una de sus principales deidades -Horus, representante del sol y la energía- tenía cabeza de halcón.
Si pudiese articular palabras, «Ponceña» misma nos contaría por qué ella y sus congéneres, seres tímidos por naturaleza, se encuentran tan a gusto en la Península Ibérica y en nuestras recónditas y escarpadas sierras del sur. Las cumbres y el bosque cerrado de las sierras de Tejeda, Almijara y Alhama, entre cuyos pinares hallan resguardo y un buen lugar donde sacar adelante sus nidadas, constituyen uno de sus reductos favoritos. Y es que nuestro Parque Natural, en efecto, es pródigo en lugares idóneos para el asentamiento de numerosas especies de aves rapaces entre las que se encuentran -como el azor- las águilas y halcones de varias especies, los gavilanes, los cernícalos, los buitres leonados y los búhos reales y otras rapaces nocturnas.
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La combinación de escarpaduras libres de vegetación y densos bosques de pino de Tejeda, Almijara y Alhama conforman un hábitat perfecto para varias especies de aves rapaces. Foto de Mariló V. Oyonarte
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La bella «Ponceña» en manos de su cuidador
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«Stofer» es un precioso macho de halcón peregrino de un año de edad
Como la mayoría de las aves rapaces, el halcón peregrino se aparea durante el invierno y cría a sus polluelos en primavera. Le gusta anidar en acantilados, cortados y repisas de roca inaccesibles para sacar adelante a su nidada después de un mes de incubación de los huevos y algo más de un mes de crianza. Es mamá halcón la que alimenta a los pequeños mientras papá se encarga de vigilar los alrededores del nido y cazar para sustentar a toda la familia. Una vez han emplumado por completo, los pollos suelen pasar el verano aprendiendo técnicas de vuelo con sus padres hasta independizarse, ya entrado el otoño. La vida de un halcón en estado salvaje ronda los quince años. La población de halcón peregrino en España no está en peligro de extinción pero, como la del azor y las demás aves rapaces en estado salvaje, se halla rigurosamente protegida por ley.
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El vuelo del halcón peregrino es uno de los espectáculos más bellos del reino animal
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Luís Pérez Plaza
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Miguel Jesús Ramos Ruiz, miembro de ACESUR
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Una pareja de halcones peregrinos espera pacientemente en un posadero su turno para volar. Las caperuzas que cubren sus ojos les ayudan a no estresarse durante los traslados
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Luís examina con delicadeza un huevo de halcón peregrino. Foto de Mariló V. Oyonarte
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El ovoscopio permite observar al trasluz el interior del huevo para comprobar el estado del embrión sin molestarlo en lo más mínimo. Foto de Mariló V. Oyonarte
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Una moderna incubadora se encarga de mantener los huevos fecundados en perfectas condiciones de temperatura y humedad. Foto de Mariló V. Oyonarte
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En la nacedora se colocan los huevos a punto de eclosionar y los recién nacidos durante sus primeras ocho horas de vida. En su interior, un pollito de azor de cuatro horas. Foto de Mariló V. Oyonarte
Para volar los pájaros con garantías de regreso el cetrero debe procurar que estén en ayunas. La necesidad de alimento es la motivación primera que lleva a una rapaz a levantar el vuelo y volver a quien le procura ese alimento; podría decirse que su lealtad corre parejas con su hambre. Una vez que han comido, las rapaces ya no salen hasta que vuelven a tener aquella necesidad; los vuelos suelen durar máximo quince minutos, al cabo de los cuales y debido a la intensidad del ejercicio, los pájaros se sienten cansados y prefieren reposar.
VUELO CON SEÑUELO
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El señuelo es una pieza de cuero a la que se fija un trozo de carne, y que el cetrero lleva sujeta con una cuerda
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Un sofisticado localizador GPS sujeto a la espalda del ave mediante un pequeño arnés ayudará a su seguimiento durante el vuelo
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Luís extrae con cuidado la caperuza que protege los ojos del joven halcón
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Lo alza animándolo a levantar el vuelo, acción que «Stofer» realiza casi al instante
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El halcón vuela en competa libertad seguido visualmente y por medio del localizador GPS
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Para recuperar al halcón Luís agita el señuelo que tiene al final de la cuerda, al tiempo que hace sonar el silbato
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«Stofer» hace presa en el señuelo y se posa en el suelo, donde se alimenta tranquilamente
VUELO DE CAZA
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«Valkiria» se eleva en pocos segundos a más de sesenta metros de altura en busca de una pieza que cobrar
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Una bandada de palomas bravías levanta el vuelo. Una de ellas, ajena a la presencia del halcón peregrino, se ha despegado de sus compañeras, sellando involuntariamente su sentencia de muerte. Tras un escalofriante picado, «Valkiria» se coloca muy cerca de su presa
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La paloma es consciente de que no puede competir con la velocidad del halcón peregrino y está a punto de rendirse
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Con un certero golpe en un ala, «Valkiria» debilita a su presa y la atrapa con las garras
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Finalmente se posa en el suelo con su recién ganada pieza, de la que da buena cuenta casi al instante. Se puede observar el GPS adosado a su espalda
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El cetrero considera a sus rapaces como miembros de la familia
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Miguel habla quedamente con «Ponceña», que parece escucharle con atención
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