Especial Halloween: el Mausoleo de los Gálvez de Macharaviaya

Antonio Pastor, Presidente de TCI España, Sociedad Nacional de Parapsicología, nos ofrece en estos días un viaje por la Axarquía misteriosa…

Existen numerosas provincias donde concluyen enclaves en los que en ocasiones, según cuentan numerosos testigos, se manifiesta lo insólito. Hablar de esto quizás para algunos se antoje como algo lejano, sitios que vemos en algunos reportajes o sobre los que hemos oído hablar pero que parecen encontrarse lejos de nuestra rutina diaria, pero si indagamos un poco nos percataremos que para nada es así, ya que la comarca de la Axarquía esconde numerosos rincones marcados por el misterio en los que en ocasiones se lo imposible se hace real.

En este viaje nos acercamos hasta la localidad de Macharaviaya, un pueblecito de aproximadamente unos 500 habitantes enclavado en el interior de la Axarquía y en el que se encuentra nuestra primera parada, el Mausoleo de los Gálvez.

Para el que no haya oído hablar de la familia Gálvez, es importante remarcar que en el siglo XVIII eran una de las familias más importantes de España con un poder que incluso traspasaba fronteras, teniendo sus miembros importantes conmemoraciones como podrían ser Marqués de la sonora, mano derecha de Carlos III, el Ministro de las Indias, o incluso Bernardo de Gálvez que influyó en la independencia de los Estados Unidos. Una familia poderosa que nació en Macharaviaya y que pese a emigrar a muy temprana edad a la capital hispalense nunca olvidaron sus raíces, realizando numerosas aportaciones al mismo para el canalizado de aguas pluviales y fecales, asfalto de calles, reformas de la iglesia, incluso construir una fábrica de Naipes enclavada en este pueblecito y con monopolio de ventas en Estados Unidos, la cual se mantuvo abierta incluso dando pérdidas durante más de 40 años para dar trabajo y salario a todos los habitantes de este precioso lugar. Y para demostrar el amor incondicional hacia su pueblo construyeron en 1785 un mausoleo dentro del cementerio, justo debajo de la iglesia del pueblo, el cual posteriormente fue cedido al ayuntamiento como construcción pública y en el que permanecen los restos de José de Gálvez, su madre y otros de sus familiares descendientes. Y es aquí donde nos tenemos que parar.

Tenemos que remontarnos hasta el año 1992 cuando en unas obras de remodelación del mausoleo un grupo de albañiles provenientes desde Sevilla presenciaron algo que pondría los pelos de punta a cualquier persona con un mínimo se sentido común. Eran aproximadamente las seis de la tarde, cuando de repente estando finalizando la remodelación de los escalones del altar se percataron de que de los nichos pertenecientes a la familia Gálvez surgían una figuras humanas con vestimenta antigua y caminando cabizbajos sin prestar atención a nada ni nadie hasta desaparecer por los ventanales de enfrente, recorriendo por completo la cripta y dejando a los espectadores de esa macabra visión sin aliento. Los albañiles se apresuraron en abandonar el lugar sin ni siquiera recoger las herramientas que a día de hoy esperan a sus propietarios en la sacristía de la iglesia.

A partir de este momento comienzan a suceder en este enclave numerosos fenómenos paranormales como son aportes de objetos que aparecen y desaparecen, cambios de temperatura inexplicables, ruidos extraños, movimiento de objetos… y en este lugar se han registrado muchas de las ya famosas Psicofonías que curiosamente nos hacen referencia a esa familia y a una especie de promesa no cumplida.

Cuando te encuentras con esta situación es de recibo ponerte a indagar en cual podría ser esa promesa a la que hacen alusión esas voces que surgen del silencio, y no hay que buscar mucho, ya que en el mismo mausoleo nos encontramos una lápida, justo en el altar, en la cual podemos leer lo siguiente:

“Costearon este panteón, su altar, vasos, ornamentos y utensilios los señores D. Matías, D. José, D. Miguel, D. Antonio y D. Bernardo de Gálvez, para perpetuo y privativo reposo de sus huesos, los de sus mujeres, hijos, herederos y sucesores, que han de trasladarse limpios, y ponerse en los nichos respectivos; y dotaron un aniversario perpetuo en el día siguiente al de la conmemoración de los difuntos, y una misa rezada en todos los viernes del año, por la ánimas de los hijos de su familia”.

Esta promesa, según se ha podido constatar se cumplió durante unos años pero a día de hoy en esa cripta se encuentran restos de cuerpos que no pertenecen a la familia Gálvez y las misas se dejaron de realizar. Quien sabe, quizás si en realidad después de la muerte nuestra conciencia perdura y realmente seguimos sintiendo y siendo nosotros mismos, no sería muy difícil imaginar que las almas de estas personas que dieron todo por su pueblo estuvieran reclamando que se respetase su recuerdo y sus últimas voluntades.

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