Andalucía apenas ha comenzado a recuperarse de los efectos de la borrasca Leonardo cuando una nueva amenaza meteorológica centra ahora todas las miradas: la llegada inminente de la borrasca Marta. Las autoridades y los servicios de emergencia temen que un nuevo episodio de lluvias pueda agravar una situación ya muy delicada en gran parte del territorio andaluz.
La principal preocupación está en el estado de los ríos y embalses, que continúan registrando niveles muy elevados tras varios días de precipitaciones intensas. El río Guadalquivir y sus afluentes siguen bajo vigilancia constante, especialmente en las provincias de Córdoba y Sevilla, donde cualquier nueva aportación de agua podría provocar desbordamientos en zonas ya castigadas.
Otro foco de alarma es el terreno completamente saturado, sobre todo en áreas de sierra y campiña. En puntos como la Sierra de Cádiz, donde municipios como Grazalema han sido evacuados de forma preventiva, el riesgo de deslizamientos de tierra y desprendimientos sigue siendo alto, incluso aunque las lluvias no alcancen la intensidad de días anteriores.
Los servicios de emergencia advierten también del peligro en la red viaria, con numerosas carreteras aún dañadas o debilitadas por el agua. Un nuevo temporal podría provocar nuevos cortes, aislar municipios y dificultar la llegada de ayuda en caso de emergencia.
Especial inquietud existe por las zonas habitadas próximas a cauces y arroyos, donde muchas familias aún no han podido regresar a sus viviendas. La posibilidad de nuevas evacuaciones no se descarta si Marta deja lluvias persistentes sobre áreas ya inundadas.
Desde la Junta de Andalucía se insiste en un mensaje de máxima prudencia, pidiendo a la población que evite desplazamientos innecesarios, respete los cortes y siga las recomendaciones oficiales. La presencia de la UME, bomberos y Protección Civil se mantendrá en los puntos más sensibles ante un fin de semana que se prevé complicado.
Mientras Andalucía hace balance de los daños causados por Leonardo, la llegada de Marta mantiene en vilo a pueblos y ciudades que temen que el temporal vuelva a golpear con fuerza cuando aún no se ha cerrado la herida del anterior.





