Rocío Barroso, la axárquica que regresó al instituto con 36 años y ejerce de técnico de electromecánica en Alemania gracias a Erasmus

Conductora de vehículos de gran tonelaje en la empresa familiar de Periana, fue seleccionada entre un grupo de 15 estudiantes del Instituto Juan de la Cierva de Vélez-Málaga entre los que era la única mujer.

Por Vanesa Fernández Rojas

Rocío Barroso, hasta ahora conductora de vehículos de gran tonelaje en una empresa familiar, es técnico en Electromecánica de Vehículos Automóviles en Alemania. Gracias al programa europeo Erasmus+, alumnos del Instituto de Educación Secundaria Juan de la Cierva de Vélez-Málaga han participado en el proyecto Erasmus “FP de la Axarquía en Europa II”, en Leipzig. De los 15 estudiantes de los ciclos de Carrocería, Electromecánica de Vehículos e Instalaciones Eléctricas y Automáticas que partieron en septiembre sólo iba una chica y fue precisamente a ella a la que le propusieron quedarse trabajando.

Rocío llevaba poco más de un mes trabajando en Vitalis (empresa especializada en formación y programas de Erasmus) pero aprovechamos sus vacaciones de Navidad para vernos y que nos cuente en persona cómo está siendo su experiencia laboral alemana. Ya se le han pegado algunas de sus costumbres. Allí no se dan dos besos para saludarse, por eso titubea cuando nos encontramos en la puerta de su instituto [al final el anuncio de la tele que afirma que los españoles toleramos mejor la cercanía de las personas va a ser verdad….]. Aunque después dice, entre risas, que cuando vuelva a Schekeuditz (donde se encuentra la empresa), posiblemente será al revés y por inercia vaya a saludar a todos dando dos besos. Inevitable preguntarle entonces si es verdad que son tan serios y estrictos como nos han hecho ver, pero afirma que ya están muy contaminados y que no son tan puntuales.

– No llevaba ni 24 horas en España y junto a un café y una infusión nos ponemos a hablar de cómo empezó todo…

–  La historia es un poco larga. He trabajado siempre en la empresa familiar en Periana. Terminé Bachillerato Artístico y comencé a trabajar con mi padre, Isidro Barroso, siempre ha tenido camiones, material de construcción y transporte, y a mí siempre me han gustado mucho los camiones. Mi hermana cayó enferma y decidí dejar el trabajo y dejarlo todo para acompañarla en Murcia y cuidarla los 18 meses que estuvo enferma.

“Tras el fallecimiento de mi hermana decidí dejar el trabajo familiar y fue una amiga la que me facilitó la documentación para matricularme. Me la dejó en el buzón de mi casa”

– ¿Cómo inicia sus estudios de electromecánica?

– Tras el fallecimiento de mi hermana decidí dejar el trabajo familiar y fue una amiga la que me facilitó la documentación para matricularme. Me la dejó en el buzón de mi casa, el último día, y no me lo pensé dos veces porque era algo que conocía y siempre me había gustado, por lo que vine a echar la inscripción. Acabado el curso 2016-2017 con buenas calificaciones me informaron antes del verano de que me habían elegido para irme en septiembre a Alemania con el programa de Erasmus. De hecho rechacé varios trabajos para irme de Erasmus. Les dije que no, que cuando volviera ya hablaríamos.

– Pero no regresó…

– No, no … Me quedé allí. Dicen que todo lo que pasa pasa por algo. Mi jefe me fichó para quedarme allí. En principio tengo 6 meses de prueba.

“Nuestro programa consistía en fabricar un E-buggy, y que funcionara. Era pequeñito, un monoplaza, todo fabricado y mecanizado a mano. Salió el proyecto con éxito, trabajamos muy rápido”.

– ¿Cómo fue la experiencia Erasmus?

– En verdad fue un poco dura. Yo conocía a todos los compañeros con los que iba, éramos de varios ciclos pero los conocía a todos. Ellos iban un poco más desmadrados, y yo hacía de madre del grupo. Pero la verdad es que fue una experiencia muy bonita. Las movilidades que se hacen allí son de 2, 3 y 4 semanas; nosotros estuvimos 20 días. Fue una gran experiencia a nivel cultural y me gustó bastante el sitio.  Todo se hacía dentro del recinto de Vitalis. Residencia, comedor, haces vida allí dentro, no tienes que salir fuera prácticamente.  Nuestro programa consistía en fabricar un E-buggy, y que funcionara. Era pequeñito, un monoplaza, todo fabricado y mecanizado a mano. Salió el proyecto con éxito, trabajamos muy rápido.

– ¿Por qué cree que la eligieron?

– En principio es por calificaciones, aunque también por actitud. Mis calificaciones eran las más altas, pero también en la actitud. Hay que tener en cuenta que tengo 20 años más que ellos y yo iba con las ideas claras. Me gustaba y tenía claro lo que quería hacer y creo que por ello no me ha costado llegar hasta el final.

– ¿Cómo reaccionó su familia al regresar de Erasmus y decir que se volvía a marchar?

– Ya había dicho algo por teléfono. Estaban muy contentos. Mi padre fue emigrante, durante cuatro años se fue a Alemania y estaba muy orgulloso de que yo lo hiciera con un trabajo, que no me fuera a la aventura a buscar trabajo, sino que me habían ofrecido un puesto con buenas condiciones. Ahora tengo 23 días de vacaciones pagadas. Cuando regrese el 10 de enero me quedan casi cuatro meses, tengo contrato de prueba hasta abril. Entonces tendré que decidir si me quedo o no.

“Mi jefe quiere que domine todo para que pueda estar en todos los departamentos”.

– ¿Cuál es su función allí?

– Hago un poco de todo. Sobre todo recepciono a los grupos españoles cuando vienen, pero también hago de docente impartiendo clases. Actualmente soy la única española allí, por eso sobre todo me encargo de recibir a los grupos que llegan de aquí ya que solo una compañera que hable español y actualmente está de baja maternal y estoy cubriendo su trabajo. En la empresa todo el mundo se mueve en inglés, no es imprescindible el alemán. Pero para los grupos españoles siempre da más tranquilidad y confianza tener a alguien con quien puedan comentar cualquier duda sin trabarse en el lenguaje. Actualmente estoy buscando institutos españoles que quieran venir a realizar Erasmus en la empresa. Es más fácil para contactar con centros, porque me conozco mejor España y puedo saber cuáles son los que realizan prácticas de Erasmus. Además, a la hora de hablar por teléfono con ellos y contarle mi propia experiencia. Aunque estoy en oficina también roto en tallares impartiendo diferentes clases. Voy rotando de puesto y la verdad es que eso no lo hace nadie prácticamente. Mi jefe quiere que domine todo para que pueda estar en todos los departamentos.  Acabamos de tener un grupo de Bilbao durante un mes, que han estado en impresora 3D, han hecho parte del E-buggy y también en electricidad. Y yo he estado rotando con ellos como si fuera su tutora.

– Hablamos de la importancia del idioma¿lo llevaba ya perfeccionado del instituto?

– En Leipzig prácticamente todo el mundo habla inglés. El alemán no lo domino todavía. Es curioso que si vas por la calle y le preguntas a cualquier persona que si habla inglés te dice que “a little bit” (un poquito) pero con ese poquito se desenvuelven bastante bien para darte cualquier indicación.  Yo me fui de Málaga con una base importante en inglés, por lo que afortunadamente para mí no ha sido difícil para mí adaptarme al idioma. Pero la tenía antes de comenzar las clases en el IES Juan de la Cierva, porque yo había realizado cursos a distancia porque siempre había sido consciente de la importancia de los idiomas y me gustaba prepararme. Si solo hablaran alemán lo llevaría muy mal y quizá me habría venido. El inglés lo estoy perfeccionando al practicarlo todos los días. Pero además ellos facilitan un curso exprés de alemán que voy a comenzar en cuanto regrese.

“Regresé al instituto con 36 años. El más pequeño tenía 16 y el mayor 23. Había veinte años de diferencia y eso se notaba mucho. Me veía fuera de lugar, porque para colmo era la única mujer de clase con 34 hombres, bueno, adolescentes”.

– ¿Cómo fue su regreso al instituto?

– Al principio se me hizo un poco difícil. Yo entré con 36 años ,el más pequeño tenía 16 y el mayor 23. Había veinte años de diferencia y eso se notaba mucho. Me veía fuera de lugar, porque para colmo era la única mujer de clase con 34 hombres, bueno, adolescentes. De hecho en varias ocasiones estuve a punto de tirar la toalla, pero varios profesores me animaron a que siguiera, porque yo estaba estudiando algo que ya conocía y se me daba bien y estaba sacando buenas calificaciones. En Alemania los alumnos son más silenciosos y respetuosos. Aquí sin embargo cuando teníamos los recreos era todo muy caótico y escandaloso. Soy una persona muy sociable y no tuve problemas para adaptarme a ellos. De hecho hice muy buenos amigos.

“Cuando llegas a descargar y te encuentras veinte camiones y son solo hombres, ves que todos se quedan mirando a ver si eres capaz de meterlo en el hueco que te han dejado”.

– ¿Cree que tiene que demostrar que vale más que un hombre en esta profesión?

En esta no. De hecho mi jefe me ofreció este puesto por mi valía, por mis calificaciones y por mi trabajo en equipo durante las prácticas de Erasmus, además de por mis características que tenía en trabajos anteriores, ya que había preguntado para tener referencias. Sin embargo cuando trabajaba con camiones fue distinto. He tenido que demostrar mucho, prácticamente todos los días, hasta que te conocen y saben que lo vas a hacer seguro, como un hombre.  Trabajé con otra empresa fuera de la familia, hacía ruta solo por Andalucía, pero cuando llegas a descargar y te encuentras veinte camiones y son solo hombres, ves que todos se quedan mirando a ver si eres capaz de meterlo en el hueco que te han dejado. Y claro que soy capaz. Pero hasta que no lo haces la primera y la segunda ves a todos dándose codazos mientras estás aparcando.

– Todo comenzó cuando su actual jefe le preguntó al final de las prácticas “cómo se ve en un futuro” y le ofreció quedarse allí impartiendo clases ¿cómo se ve ahora en un futuro?

– Pues la verdad es que cuando hoy he vuelto al instituto me he preguntado ¿qué hago yo allí si yo lo que quiero es dar clases? Pero es descubierto que es mejor dejar que todo vaya fluyendo, que es más inteligente, porque si no la cabeza le da demasiadas vueltas a todo.  Me gustaría ser docente, pero para ello tendría que hacer el grado superior (que son dos años) un master en psicopedagogía y opositar… Creo que ya me voy de años, sinceramente. Pero me gustaría hacerlo. No sé si lo haré, si no tampoco creo que me vaya a sentir frustrada.  Si buscas encuentras trabajo en otras cosas. Estudiando me han salido trabajos y no he querido dejar lo que estaba haciendo porque me iba bien.

– ¿Dónde se ve viviendo el día de mañana?

– En Alemania (contesta a carcajadas). Sinceramente no lo sé. A mí Alemania me gusta, pero hecho mucho de menos la luz y la comida. Me gustaría se capaz de aguantar unos años, aunque tengo claro que no me voy a jubilar allí.

– Entonces va a continuar pasados los seis meses de prueba

– Probablemente sí. Creo que me van a contra ofertar y posiblemente si me mejoran las condiciones me quede. Actualmente me pagan la residencia y después ese gasto correría de mi parte. A ver si soy capaz de echar 4 o 5 años.

“No llevo bien que a las cuatro y media se haga de noche. Hecho mucho de menos el sol. Y el pescado”.

– ¿Qué le impactó de las costumbres de allí?

– Muchas cosas. Allí me llamó la atención que se pueda beber por la calle tranquilamente; en el tren, el tranvía, el autobús. En los transportes públicos los perros pagan un billete especial y pueden subirse. En los centros comerciales también pueden entrar, no a la zona de restauración pero sí en las instalaciones. La forma en la que se mueven en bicicleta. Aunque llueva o nieve. Sin paraguas, con su capucha. También la puedes subir en el tranvía pagando un billete especial. El clima también. No por el frío, aquí paso más frío que allí, porque en la calle saliendo bien abrigado no pasa frío y las casas están bien aclimatadas. Pero no llevo bien que a las cuatro y media se haga de noche. Hecho mucho de menos el sol. Y el pescado. El pescado también, porque llega muy poco, ni siquiera lo encuentras congelado en los supermercados. Comen muy mal, mucha carne, mucha salchicha, mucha comida rápida. Por la calle no te encuentras restaurantes, solo puestos de comida rápida. En los mercados sí hay puestos de verduras, aunque parece que la cocinen poco. Lo que no he conseguido encontrar es ninguna pescadería. Estamos en la zona centro oeste y no llega pescado, si estuviéramos en el norte sí. La cerveza es mucho más cara que aquí. Hay mucha variedad, muchos tipos. Además allí no se bebe la cerveza fría, está templada. La Navidad es mucho más entrañable que aquí. Es muy bonita. Es tal y como aparece en las películas infantiles.

– ¿Son ciertos los estereotipos sobre los alemanes?

– No es tanto como lo pintan. En algunos aspectos sí; son muy distantes, les cuesta mucho hacer amigos, aunque dicen que cuando te echas un amigo alemán ya es para toda la vida.  Son muy fríos y distantes. Sin embargo mis jefes no, ellos sí son más de dar abrazos. Pero por lo general cuando tocas a alguien para saludar se quedan un poco extrañados, como diciendo “¿qué estás haciendo?”. Son más de saludar con la mano; las mujeres y los hombres no se saludan dándose besos, también se dan la mano. Tienen fama de muy formales y puntuales pero a veces también les falla la formalidad y la puntualidad. Los trenes también llegan tarde, como en todos lados. No es tanto como parece.

– ¿Qué se traería de allí?

– Pues precisamente me traería la Navidad como la viven allí para que los niños la disfrutaran.
Y la nieve. También me traería agua. España cada vez es más seca y Alemania cada vez más húmeda, allí llueve cada vez más.

– ¿Qué se llevaría allí?

La luz del sol. Más horas de luz. Que anocheciera más tarde. Amanece alrededor de las ocho, pero parece que nunca llega a salir el sol.

“Si eres de crecer y de aprender, al final creces y aprendes. De todo, de lo malo y de lo bueno”.

– ¿Qué balance hace de esta experiencia?

– Muy positivo. Quieras que no, si eres persona de crecer, al final creces. Si eres de crecer y de aprender, al final creces y aprendes. De todo, de lo malo y de lo bueno.  Lo pasas mal, porque estás solo, no tienes a nadie de tu familia, ni tu pareja, ni tus amigos. Pero como puedo decidir cuándo quiero venirme, tengo esa tranquilidad de que si en algún momento no me encuentro bien puedo avisar con dos semanas de antelación y me vuelvo.




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