Policías locales de Málaga asisten un parto en la calle en pleno confinamiento

El niño nació mientras esperaban a la ambulancia, con los agentes auxiliando a la madre sentada en una silla entre dos coches, informa Diario Sur.

Había sido una noche complicada. La emisora del radiopatrulla no había parado de sonar, con avisos que reclamaban su presencia en un lado y en otro. Por ello, cuando Rafael recuerda esas horas suspira, pero su rostro cambia cuando piensa en lo que ocurrió después. Entonces sonríe. Cuando los primeros rayos del sol comenzaban a despuntar por el horizonte y su turno acababa, no sabía que aún le quedaba un último servicio: auxiliar a una mujer que dio a luz en plena calle. Eso no lo olvidará «jamás».



La última llamada había entrado poco antes. Los policías locales Rafael y Juan Carlos acudieron a la zona de la avenida Jane Bowles de la capital malagueña requeridos por aviso de una persona que había sufrido un ataque de ira. Sin embargo, fue una falsa alarma, acababa la noche y su turno, por lo que el radiopatrulla regresaba hacia la jefatura del distrito norte de la Policía Local de Málaga. Pero la radio volvió a sonar.

Se solicitaba su presencia en la barriada de 26 de Febrero, ya que una mujer se encontraba de parto en plena calle. Cuando los agentes llegaron la encontraron sentada en una silla entre dos coches. «Solo decía que tenía unos dolores muy fuertes, gritaba con las manos puestas en los riñones, así que nosotros llamamos a la Sala –del 092 de la Policía Local– para que dieran prioridad a la ambulancia», explica Rafael.

Los sanitarios se encontraban en camino, pero el parto ya había comenzado. Rafael de 24 años y su compañero, de 26, no tienen hijos y los sanitarios, a través de la radio les explicaban la forma en la que tenían que actuar. «Nos preguntaban por las contracciones, pero cómo es una contracción», se preguntaba el agente, que recuerda como la mujer se agarraba a su brazo mientras ellos intentaban calmarla repitiéndole que la ambulancia estaba al llegar.

Antes lo hicieron los policías locales Carlos y Juan Miguel. Su turno iba a empezar esa mañana. Llegaron con tiempo a la jefatura y no dudaron en subirse a un coche patrulla para acudir en auxilio de la mujer y ayudar a sus compañeros. Entre los cuatro asistieron el parto. Carlos explica que la mujer estaba en casa con sus dos hijos, «de unos seis y tres años», cuando salió a la calle en busca de ayuda dejando a los menores con una vecina. Entonces se puso de parto.

Rafael recuerda a la mujer sentada en esa silla entre los dos coches cuando notó que había roto aguas: «Avisé a mi compañero Carlos y, al ayudarle a quitarse el pantalón a la mujer, ya vimos la cabeza del pequeño asomando».

Fue todo muy rápido, cuestión de unos pocos minutos, pero para los agentes el tiempo pasaba muy lento. Rafael señala que la mujer se puso de pie y que, entonces, el bebé salió. «Puse mi mano para cogerlo y evitar que cayera al suelo, con ayuda de Carlos lo sujetamos y se lo pusimos en el pecho a la madre», indica.

Carlos dice que el pequeño hizo un intento de llorar: «Comprobé que estaba respirando y que los labios se le iban poniendo de color rosa». Todo estaba bien. La ambulancia llegó poco después, tras lo que los sanitarios cortaron el cordón y trasladaron a la mujer y a su bebé hasta el hospital Materno.

Quedaba el buen sabor de boca que deja ayudar a una persona. Los agentes insisten en que esa es la mejor recompensa de su trabajo, aquello por lo que se hicieron policías. Son tiempos complicados, en los que trabajan en primera línea para contener los contagios por el coronavirus, expuestos, conscientes de la grave situación, en la que, sin embargo, «la vida continúa abriéndose paso».

Carlos es padre de dos niñas pero nunca había asistido a un parto: «Cuando llegó el momento los médicos me echaron, ya que las dos nacieron por cesárea. Vivir esto es lo mejor que le puede pasar a una persona, ayudar a traer vida a este mundo es algo increíble».

Tocaba seguir con el turno, eso sí, con la euforia de haber ayudado a la mujer en su parto. Mientras tanto, Rafael llegó a casa, en la que todos dormían todavía. Se metió en la cama, pero no podía conciliar el sueño: «En la calle he visto muchas cosas, pero este es un servicio que nunca olvidaré».

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