Un devastador incendio forestal originado este jueves en el término municipal de Canillas de Aceituno ha estado a punto de tornarse en una tragedia humana absoluta. Una familia de siete miembros, residente en la última vivienda de la barriada de Portugalejo, se vio completamente cercada por las llamas en un intervalo de apenas cinco minutos, sufriendo importantes pérdidas materiales en su inmueble y precisando atención médica urgente por inhalación de humo.
El siniestro comenzó a registrarse en torno a las 14:30 horas. En ese momento, Manuela Jiménez y parte de su familia —su marido y sus dos hijos mayores, mientras que los tres menores se encontraban en el centro escolar— terminaban de almorzar cuando percibieron un fuerte olor a quemado. El marido de Manuela, profesional del sector de la madera, planeaba realizar unas labores en el patio, pero decidió posponerlas ante la sospecha de que se tratara de una quema de rastrojos o una barbacoa en las inmediaciones. Ante el aumento del humo, procedieron a cerrar herméticamente puertas y ventanas.
La gravedad de la situación se manifestó de forma súbita cuando un vecino de la barriada accedió desesperadamente a la propiedad tras derribar de una patada la puerta del patio para alertar a la familia. Al grito de «¡Juan, por Dios, Juan, que está ardiendo Portugalejo! ¡Juan, salid por favor, que ardemos!», el vecindario inició una evacuación de extrema urgencia. 
La vivienda afectada presenta una tipología de construcción antigua, con gruesos muros de piedra que aislaron el ruido y el olor exterior, impidiendo que la familia se percatara de la proximidad real del fuego hasta que este se encontraba ya en el propio acceso. La barriada, caracterizada por una orografía en pendiente, cuenta con una única vía de entrada y salida. Al encontrarse la casa de Manuela en la cota más alta, colindando directamente con la loma y el monte, la única vía de escape posible obligó a todos los miembros a atravesar a pie una densa y opaca humareda que impedía la visibilidad y la respiración.
En medio de escenas de gran tensión, la familia intentó retirar los vehículos estacionados para evitar explosiones por el contacto con las llamas, logrando salvar únicamente uno de ellos. El avance del fuego fue de una rapidez inusitada; originado a unos dos kilómetros ladera abajo, las rachas de viento y la masa vegetal condujeron las llamas hasta las viviendas en un lapso de cinco minutos.
Una vez alcanzada la base de la pendiente, la familia encontró el despliegue de los Bomberos, que ya se encontraban trabajando en el control del foco principal del incendio. Posteriormente, efectivos de la Guardia Civil escoltaron a Manuela, a su esposo y a sus dos hijos hacia el Centro de Salud, donde recibieron asistencia sanitaria tras haber tragado una gran cantidad de humo durante la huida. 
Tras ser controlado el fuego, los Bomberos autorizaron el regreso del progenitor a la vivienda para evaluar los daños, confirmándose que las llamas habían logrado penetrar en el interior del domicilio. La zona de la cocina ha resultado completamente arrasada, con ventanas destruidas, paredes calcinadas y la pérdida total de los electrodomésticos. Asimismo, el resto del inmueble, incluido el comedor, presenta severos daños estéticos y estructurales debido a la acumulación de hollín.
Llamamiento de ayuda humanitaria
La familia, que depende exclusivamente del sustento económico del padre como lacador de puertas, se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad tras el siniestro. Al ser una unidad familiar numerosa de siete integrantes y carecer de los conocimientos técnicos necesarios, han realizado un llamamiento urgente solicitando mano de obra de albañilería para poder reconstruir la cocina.
Del mismo modo, precisan de forma inmediata la donación de materiales de construcción, pintura y productos de limpieza especializados para la eliminación del hollín que impregna toda la estructura de la vivienda, con el fin de poder recuperar la habitabilidad de su hogar a la mayor brevedad posible.





