Los efectos de las drogas le llevan a confesar un crimen en la Axarquía que nunca cometió

La policía le dio credibilidad en un principio al encontrar la casa llena de sangre y lo mantuvo detenido durante casi 48 horas.

La historia la cuenta en su edición de este jueves el diario SUR. Durante casi 48 horas, las que van de la madrugada del sábado a la noche del domingo, la Policía Nacional investigó un crimen atroz en la Axarquía. Una casa de tres plantas llena de manchas de sangre. Un detenido por homicidio. Una confesión. Un posible descuartizamiento. Y un cadáver que no encontraban. Pero nada resultó ser lo que parecía…



Todo empieza la madrugada del viernes al sábado, cuando una mujer llamó a la sala del 091 de la comisaría veleña para alertar de que había estado en la casa de un conocido y había visto sangre por todas partes. La informante era hermana de un amigo del joven que residía en esa vivienda, según las fuentes consultadas.

Un radiopatrulla de la Policía Nacional acudió al domicilio indicado. Los agentes encontraron la puerta abierta y entraron a echar un vistazo. El aviso era cierto. Había manchas en las tres plantas de la vivienda. En la última de ellas, encontraron a un joven en el baño limpiando de sangre varios objetos.

Los agentes del ‘zeta’ identificaron al individuo, que resultó ser el hijo de la dueña de la casa, y lo retuvieron hasta aclarar lo que había pasado allí. Inmediatamente, alertaron a los especialistas de las brigadas de Policía Judicial (Homicidios) y Científica para que se hicieran cargo del caso, que empezaba a complicarse.

Siempre según el periódico malagueño, los agentes que realizaron la inspección ocular comprobaron que, efectivamente, había sangre por todas partes y en tal cantidad que parecía incompatible con la vida, además de indicios de una pelea en la zona del salón y uno de los dormitorios. Se hizo un estudio de las proyecciones de sangre que, para colmo, evidenciaba que se había producido una agresión.

Al cachear al sospechoso, observaron que solo tenía una herida, un corte, en un dedo de una mano, por lo que los investigadores presumieron desde el primer momento que aquella sangre no podía ser suya y pensaron que podía tratarse de un crimen.

Además, el joven, que aparentemente estaba bajo los efectos de las drogas, según las fuentes, llegó a confesar que había apuñalado a alguien y que «se iba a comer 30 años». Incluso dijo a los agentes que podía llevarlos hasta el lugar donde había dejado a esa persona.

La policía le leyó los derechos inicialmente por homicidio y abrió una investigación bajo la hipótesis de que podía haberse deshecho del cadáver de alguien. La cantidad de sangre hallada en la vivienda apuntaba a un descuartizamiento. Pero a los agentes no les cuadraba algo: no había signos de arrastre de un cuerpo, sino gotas verticales y otro tipo de manchas.

Los investigadores acudieron al lugar donde el detenido manifestaba haber dejado a la persona a la que apuñaló -él no hablaba de cadáver, pero sí de una agresión-, pero no encontraron ni rastro de ella. Ni tampoco manchas de sangre que acreditaran su versión.

Entre tanto, los agentes reconstruían por completo el entorno del sospechoso: familia, relaciones, enemigos… De hecho, se encargaron de localizar a cada una de las personas que no se encontraban donde habitualmente paraban. Unos estaban trabajando, otros de viaje… Pero ninguno desaparecido.

Finalmente, día y medio después, el detenido empezó a recordar. Y quiso declarar de nuevo. A última hora de la tarde del domingo, aclaró que se había peleado con un amigo en su casa -insinuó que por un tema de celos- y aportó la identidad del mismo.

Cuando los agentes fueron a buscarlo, comprobaron que presentaba lesiones, pero en ningún caso de arma blanca, ni tampoco heridas tan graves como para justificar la sangre de la casa. Queda una pieza por encajar. Y también la encontraron en la confesión del primer detenido.

Además de hablar de la pelea, el joven contó a los policías que es hemofílico, una enfermedad hereditaria que se caracteriza por la deficiencia en los mecanismos de coagulación de la sangre, de ahí que las hemorragias sean abundantes y difíciles de cortar.

Los investigadores comprobaron que casi toda la sangre hallada en la vivienda era suya, posiblemente de aquella herida en el dedo a la que al principio no dieron mayor importancia, aunque también del amigo con el que se peleó, quien también fue arrestado. Pero no hubo homicidio. Ambos pasaron a disposición judicial por lesiones y, ante la levedad de las mismas, han quedado en libertad, afirma SUR.

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