Un reciente informe de la Guardia Civil remitido al juzgado de Montoro ha arrojado luz sobre las causas técnicas del trágico accidente ferroviario ocurrido el pasado 18 de enero de 2026. Según las conclusiones de los investigadores, la rotura del carril en el punto kilométrico 318 de la vía 1 se produjo exactamente a las 21:46 horas del sábado 17 de enero, casi un día antes de que los trenes Iryo y Alvia colisionaran, provocando la muerte de 46 pasajeros. Este dato es crucial, ya que sitúa el fallo estructural mucho antes del paso de los convoyes siniestrados.
Aunque el origen exacto de la fractura todavía está bajo análisis, el informe maneja diversas hipótesis que apuntan a posibles defectos de fabricación o problemas metalúrgicos en el acero del raíl. Los peritos están estudiando si existían anomalías en la composición química del material o tensiones residuales excesivas que predispusieran la vía a quebrarse bajo carga. Del mismo modo, la investigación se centra en el estado de las soldaduras aluminotérmicas, sospechando que una ejecución deficiente o el uso de un kit de fuerza inadecuado pudieron ser el detonante del colapso de la infraestructura en ese tramo específico en sentido Madrid.
La Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) ha detectado además serias incongruencias en la documentación de las subcontratas responsables del mantenimiento, incluyendo dudas sobre la validez de las firmas en los informes técnicos. A esto se suma el hecho de que ya se había advertido un defecto de aceleración vertical en ese punto exacto meses antes del siniestro. La acumulación de esfuerzos mecánicos y fatiga por contacto rodante, unida a un posible estado deficiente del balasto, habría provocado vibraciones anormales que el sistema de seguridad no fue capaz de alertar.
El informe descarta de manera definitiva cualquier tipo de sabotaje, terrorismo o negligencia de los maquinistas. Sin embargo, la Guardia Civil pone el foco en la baja fiabilidad de los sistemas de detección eléctrica de la línea, que registraron una caída de tensión previa al accidente pero no generaron ninguna alarma automática. Esta falta de precisión en los circuitos de vía y la tasa de error en las auscultaciones ultrasónicas manuales fueron factores determinantes para que los trenes circularan por un tramo que ya se encontraba gravemente dañado desde la noche anterior.





