“Hay que tener clara la meta y disfrutar del camino”, el consejo de los dos jóvenes estudiantes veleños premiados por sus brillantes expedientes

Pau Marín Escalona y Celia Castro Lara, los ganadores del premio al mejor Expediente de Bachillerato ‘Ciudad de Vélez-Málaga’ inician su carrera de Medicina

Por Vanesa Fernández Rojas

¿Qué quieres ser de mayor? Una pregunta inocente que siempre se le hace a los niños. Astronauta, bombero, policía, médico, abogado,… Son las respuestas más frecuentes entre los más pequeños. Pues hoy dos jóvenes veleños están a un paso más de alcanzar ese sueño de la infancia.

Esfuerzo, constancia, tenacidad, fuerza de voluntad, … Son tan solo algunos de los adjetivos que se nos vienen a la cabeza cuando pensamos que un estudiante ha sacado un 10 en un examen.

En este caso no es un estudiante, son dos. Pau Marín Escalona y Celia Castro Lara.

Y no es en un examen, ni en una asignatura, ni siquiera en un curso. Sino en todo el Bachillerato.  De hecho, incluso tuvieron que revisar las calificaciones de secundaria para intentar romper el empate técnico.

Finalmente ambos han tenido que compartir el premio al Mejor Expediente de Bachillerato ‘Ciudad de Vélez-Málaga’, en su tercera edición. Un reconocimiento  que la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna y Mª Stma. Del Rosario en sus Misterios Dolorosos “Estudiantes”, con motivo de su 50 aniversario instituyó con el Excmo. Ayuntamiento de Vélez-Málaga dirigido a incentivar el esfuerzo y tenacidad  de los estudiantes del municipio, consistente en una aportación económica para reconocer los méritos académicos adquiridos y acumulados por los alumnos que han obtenido calificaciones excelentes en sus estudios de Bachillerato.

Pero Celia y Pau no son solo dos expedientes académicos. Gracias a este premio hemos podido conocer a dos jóvenes, como se suele decir, con la cabeza muy bien amueblada (algo que es más que evidente para poder llegar a obtener los resultados que han logrado) en una cálida mañana de otoño, en el Parque María Zambrano, lejos de las frías y grandes aulas universitarias a las que acaban de llegar, Pau y Celia, después de un verano de merecido asueto por las excelentes calificaciones de sus últimos seis años. Sí, han sido 6 años de esfuerzos y sacrificios. Toda la pubertad.

Reconocemos el esfuerzo que supone prepararse unas oposiciones para un adulto. Pues imaginaros cómo será para un niño de 12 años que tiene ya claro cual quiere que sea su profesión y que para ello no puede conformarse con sacar buenas notas. Tienen que ser las mejores.

Siempre se dice que la obligación de los niños es estudiar, que es su trabajo. Pero para haber obtenido los mejores expedientes académicos no es solo cuestión de estudio.

Hay circunstancias en tu vida que te marcan y definen tu futuro. Como en tantas otras en su preludio universitario, la enfermedad de un familiar y su interés por querer curarlo, por poder sanar y ayudar a los demás, fue el impulso para que desde muy pequeños tuvieran claro que querían ser médicos (aunque las especialidades de cada uno se fueran forjando poco a poco).

Con unas calificaciones globales en selectividad  (sobre 14 puntos) de 13,495 para Celia y de 12,52 para Pau, se adentran en la vida universitaria. Celia pudo comenzar directamente Medicina en la UMA (Universidad de Málaga), mientras que Pau tuvo que hacerlo en un primer momento en Fisioterapia, ya que, pese a su excelente expediente académico, no tenía nota suficiente para comenzar la carrera de Medicina en ninguna universidad andaluza. Aunque a las 24 horas de reunirnos se actualizaron las listas y entró en Cádiz (la UCA).

  • “Estudiar no es una pérdida de tiempo. Todo cuenta. Es una carrera de fondo para alcanzar poco a poco un objetivo”

CELIA es una joven con los ojos llenos de ilusión, de vida, de entusiasmo, como ella misma afirma, que afronta su carrera universitaria justo cuando ha alcanzado la mayoría de edad. Estudió secundaria y bachillerato en el IES Reyes Católicos de Vélez-Málaga, donde reside con sus padres, Augusto (profesor de informática en el instituto María Zambrano) y Mari Carmen (dependienta en Almacenes La Lonja, la empresa de sus abuelos).

En 4º de ESO decidió que debería dejar el piano como un hobby que podría retomar más adelante, después de haber llegado a segundo grado profesional en el conservatorio, ya que desplazarse, las clases, las prácticas, le robaban tiempo de estudio y tenía que centrarse para obtener las mejores calificaciones, en vistas a su futuro en medicina para llegar a ser cardióloga. Siempre ha tenido el apoyo de sus amigas, que también son unas grandes estudiantes, por lo que ha sido un entendimiento mutuo. Ha tenido tiempo para todo, aunque en algunas ocasiones haya tenido que sacrificar acudir a cumpleaños o salir más tiempo con sus amigos. Afirma que “estudiar no es una pérdida de tiempo. Todo cuenta. Es una carrera de fondo para alcanzar poco a poco un objetivo”. Durante este tiempo ha ido creando hábitos de estudio, destreza y herramientas para poner en práctica en los próximos años de estudio. Algunos de los profesores que han marcado esta etapa han sido Cristóbal Naranjo (en Matemáticas), Baltasar Romero (en Químicas) y Cristina Madrid (en Historia). Aunque reconoce que en ESO tuvo una gran profesora que le marcó y ha sido la gran responsable en parte de que le guste tanto la medicina, la profesora de biología Ana Zamora.

Ahora en la universidad se enfrenta con entusiasmo a clases más densas, muy rápidas que se imparten en aulas “enormes, son muy diferentes al instituto, con muchos alumnos”.

Celia reconoce que del instituto a la universidad ha tenido que modificar su rutina de estudio. Además de las materias también ha cambiado el plan de estudios. Cuando estaba en el instituto, primero hacía los deberes y después estudiaba las asignaturas necesarias. Ahora en la universidad han desaparecido los deberes, por lo que se dedica a subrayar y estudiar poco a poco las asignaturas que considera más necesarias.

En lo referente a los idiomas, Celia tiene el B1 de francés y, al igual que Pau, el B2 de inglés.

  • “Mi familia es gitana. Con esfuerzo y trabajo los gitanos también somos capaces de lograr grandes cosas”.

PAU también tuvo que dejar a un lado sus dos pasiones artísticas, la pintura y la guitarra, que le viene por su abuelo. Estuvo en el conservatorio y posteriormente se centró en tomar clases de guitarra con Rubén Portillo. Durante más de diez años también ha dedicado gran parte de su tiempo a la natación. Hasta que decidió centrarse en sus estudios, en el instituto Juan de la Cierva la ESO y Bachillerato en el IES Juan de la Cierva, donde ha mantenido la amistad con sus cuatro amigos del colegio  (Manu, Juan Antonio, Kike y Mounir).

Aunque afirma que no es necesaria la excelencia, sabe que “hay que tener clara la meta, hay que disfrutar del camino paso a paso y tras el esfuerzo, alcanzarlo será la recompensa”.  Es un joven extrovertido, intranquilo, nervioso más bien, que, como él mismo dice “me gusta hacerme notar en las clases, no pasar desapercibido”. Su profesor de Biología, Paco Valdera, fue quien despertó su interés por la investigación, que él buscará en el ámbito de la medicina.

Durante la conversación se aprecia su frustración por no haber entrado aún en medicina y haber optado por fisioterapia “para no perder los hábitos de estudio”  y no le importa que no le convaliden asignaturas, ya que todo lo que aprendiera en este año serían conocimientos que adquiriría para él mismo. Finalmente al día siguiente entró en Cádiz, ya está un paso más cerca de poder especializarse en oncología (en un principio quería ser pediatra) y me comentó que, aunque las instalaciones de la UCA dejan mucho que desear respecto a la UMA y encontrarse perdido en la ciudad y en la universidad los primeros días, ya está centrado en sacar las mejores notas para poder pedir cambio de expediente a la UMA el próximo curso (o intentarlo con la nota de selectividad de septiembre, donde se presentó a Química para subir nota).

Hijo de Carlos (publicista, que trabaja en una empresa de serigrafía familiar) y de Isabel (ama de casa), ha vivido con sus padres y hermanos en Vélez-Málaga (concretamente en El Limonar) hasta que hace tan sólo unos días ha tenido que independizarse en Cádiz.

Hasta ahora sabía que apenas sin esfuerzo podría obtener un 8, con lo que estudiaba para alcanzar el 10. Con atender en clase y hacer los deberes a diario tenía una base para cuando tuviera que prepararse los exámenes, a los que se enfrentaba sin presión y con gran seguridad. Ahora que ya ha conseguido entrar en medicina, sabe que el tiempo que le dedica a estudiar le va a servir profesionalmente, por lo que tiene una mayor motivación que las primeras semanas universitarias que asistía a las clases de Fisioterapia. No obstante, ahora es consciente de que se lo juega todo en una fecha en concreto donde se concentran todos los exámenes , por lo que sabe que tiene que estudiar todos los días (y bastante) porque son muchas asignaturas que hay que llevar al día.

Por cierto, para evitar prejuicios, he querido dejar para el final un dato muy importante para Pau, que él mismo me pidió que dejara reflejado. Su familia es gitana, y aunque existe el estereotipo de que su etnia “no estudia mucho o se dedica a otras cosas”, él quería destacar que “con esfuerzo y trabajo somos capaces de lograr grandes cosas”.

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