La Iglesia y el Estado han dado este lunes un paso histórico en la atención a las víctimas de abusos sexuales cometidos en el seno de instituciones religiosas. La Conferencia Episcopal Española y la Conferencia Española de Religiosos suscribieron un protocolo con el Gobierno de España y el Defensor del Pueblo para regular un sistema de reparación integral que permitirá atender casos que ya no pueden seguir la vía judicial por prescripción o fallecimiento del agresor.
Según el comunicado oficial, las personas afectadas podrán solicitar reparación a través de una Unidad de Tramitación dependiente del Ministerio de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, mientras que el Defensor del Pueblo constituirá una Unidad de Víctimas encargada de evaluar cada caso y proponer la reparación más adecuada. Esta podrá incluir desde el reconocimiento público y las disculpas oficiales hasta acompañamiento emocional, apoyo psicológico y compensación económica que cubra gastos médicos o facilite la reinserción social y profesional de las víctimas.
El protocolo también contempla la creación de una Comisión Mixta formada por representantes del Gobierno, la Iglesia y la sociedad civil que intervendrá en los casos donde no haya consenso sobre la reparación. Si persisten las diferencias, la decisión final corresponderá al Defensor del Pueblo, garantizando un proceso imparcial y transparente.
El sistema entrará en vigor el 15 de abril de 2026 y tendrá una vigencia inicial de un año, prorrogable por un período adicional. Las víctimas que ya participaron en el sistema previo impulsado por la Iglesia en 2024 podrán optar por este nuevo mecanismo si lo consideran más adecuado.
El Gobierno ha destacado que el objetivo del protocolo es garantizar justicia restaurativa y ofrecer acompañamiento integral a quienes no pudieron recurrir a la vía judicial, reconociendo el daño sufrido y asegurando medidas de protección y apoyo psicológico. Por su parte, la Iglesia ha reiterado su compromiso con la reparación de las víctimas y con la colaboración plena en la aplicación del protocolo, subrayando la importancia de ofrecer un camino de reconocimiento y reparación a quienes han sufrido abusos en el ámbito religioso.
Este acuerdo constituye un hito en la colaboración entre instituciones del Estado y la Iglesia y representa un avance significativo en la atención a personas afectadas por abusos sexuales, ofreciendo un marco de reparación más humano, cercano y accesible para todas las víctimas.





