No es la pasa, ¡es la Axarquía!

Por Antonio Yuste Gámez

Muchos malagueños habrán leído o escuchado que la uva pasa ha sido declarada SIPAM, esto es, un Sistema Importante del Patrimonio Agrícola Mundial. Toda declaración que reconozca nuestro pasado es una invitación a crear nuevas oportunidades para nuestro futuro. Esta premisa ha sustentado el trabajo que el PSOE, en diferentes espacios de actuación política (los ayuntamientos, la Mancomunidad de la Axarquía, la Diputación Provincial y la Junta) ha desarrollado en apoyo a la reivindicación, canalizada por la Asociación Moscatel, para que este cultivo alcanzara la importante distinción.

La comarca oriental malagueña ha recibido el espaldarazo definitivo para integrar en su proyecto colectivo la defensa de la uva pasa como un instrumento de creación de riqueza y un elemento fundamental, pasado y futuro, de la relación de sus habitantes con su espacio físico, que tan en duda ha sido puesto en los últimos años a cuenta del urbanismo. La FAO defiende que estos sistemas agrícolas son un «sistema vivo, en evolución, formado por comunidades humanas en estrecha relación con su territorio, ambiente cultural, agrícola o ambiente biofísico y social más amplio».

Nos gusta este encuadre como sistema vivo: el patrimonio de la pasa es el cultivo y la cultura emanada de él. Ahora la tarea será recuperar el peso económico de la pasa, para generar oportunidades, a partir del consenso institucional en torno a este proyecto, y difundir esta cultura como uno de los pilares de la identidad de la comarca. Esta declaración, me atrevo a decir, nos invita a reflexionar sobre cómo debemos relacionarnos con el territorio. La agricultura, sea la pasa o el cultivo subtropical, nos debe llevar a ser ejemplo de desarrollo sostenible. Vivimos del campo, vivimos de la tierra, vivamos por mucho tiempo en nuestros pueblos.

La uva pasa escala de nuevo a los titulares de prensa, pero quienes somos de la Axarquía disfrutamos de vivida relación con este cultivo, que fue bandera del desarrollo económico de la provincia en el siglo XIX y medio de subsistencia en el XX para miles de familias, como la mía. Muchos axárquicos tenemos nuestra historia personal sobre la pasa, y estas historias, trenzadas, configuran una gran parte del lienzo de la Historia de la comarca, de sus éxitos y sus fracasos. Gracias a la pasa y en torno a ella, la Axarquía hoy puede ofrecer al mundo toda una cultura viva, que necesita un empuje, que llegará, estoy seguro, de la mano del carácter aventurero y emprendedor de los hijos e hijas de este pedazo de tierra y del consenso político.

Así, el tesón y el cariño que los hombres y mujeres de la Axarquía ponen año tras año en su cultivo, junto a los maravillosos paisajes que nos dan nuestras vides, han sido el secreto para que la FAO haya destacado este producto con la primera declaración de SIPAM (conjunta con las salinas de Añana) en un territorio europeo. Hoy la Axarquía, con la pasa, forma parte del gran patrimonio agrario de los seres humanos.

Y el futuro que soñamos en la Axarquía exige la implicación de todas las administraciones públicas. Por parte del PSOE, ya hemos exigido, como parte de nuestro batería de propuestas en la negociación del presupuesto de 2018, que la Diputación invierta un millón de euros en el futuro centro de interpretación de la cultura de la pasa en Almáchar. Necesitamos un punto de encuentro de la cultura de la pasa y una referencia para el visitante, que nos proyectará al mundo como una tierra singular, cuyos productos llenaron las bodegas de los barcos hace más de un siglo.

La industria agroalimentaria, cultural y turística sobre la pasa tiene que dar ese salto de calidad para que sea una realidad que los habitantes de los municipios paseros puedan vivir, con dignidad y seguridad, de un duro trabajo que hunde sus raíces en la tierra y en la memoria colectiva.

*Antonio Yuste Gámez es diputado provincial del PSOE y portavoz socialista en Almáchar

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