Localizan en Nerja una medusa gigante apenas vista hasta hace menos de una década en las costas malagueñas

Los expertos que han divisado esta especie han advertido de que sus tentáculos son urticantes, pero desprenden unos arpones menos venosos que otras especies más pequeñas.

En los últimos días, más de un bañista está detectando la presencia de medusas gigantes en las costas axárquicas. Uno de los ejemplares fue localizado ayer en la nerjeña playa de Carabeillo. Según ha informado a SUR el biólogo del Aula del Mar Jesús Bellido, tras visualizar las imágenes facilitadas por este periódico, captadas por un bañista, se trató de un ejemplar de ‘Rhizostoma Luteum’, una especie descubierta en 1827 y de la que apenas había registros en las costas malagueñas hasta hace menos de una década.



«En 2019 y 2020 también aparecieron en abundancia, pero lo hacían más a finales de agosto, pueden llegar a pesar incluso 40 kilos, aunque las que han sido vistas en las costas de Málaga y Granada pesaban aproximadamente unos siete kilos», ha explicado Bellido, quien ha advertido de que han contabilizado, en estos dos últimos años, «varias decenas de estas medusas, y en lo que va de año podemos llevar unos 15 avisos directos».

El avistamiento de ayer en la playa nerjeña se produjo sobre las 13.00 horas, generando un gran revuelo en la zona. Los socorristas del Ayuntamiento trataron de alejarla de la orilla sin dañarla. Luis Sánchez Tocino, biólogo marino de la Universidad de Granada, ha explicado que pueden llegar a medir entre dos y tres metros. A diferencia de otras medusas, tienen numerosas bocas y se alimentan de plancton. La Rhizostoma luteum presenta una particularidad frente otras medusas y es que puede vivir en simbiosis con otros organismos. Hay peces que viven entre sus tentáculos o en su paraguas.

Los expertos que han divisado esta especie han advertido de que sus tentáculos son urticantes, pero desprenden unos arpones menos venosos que otras especies más pequeñas. «Normalmente la piel sólo se enrojece al contacto y no supone una gran molestia como otras especies más frecuentes y medusas más pequeñas que llegan en masa a la costa. Aún así es mejor evitar el contacto», han apuntado.

Las medusas suelen acercarse a la orilla por las fuertes corrientes hasta acabar en la arena, normalmente porque se encuentran en muy mal estado. Sin embargo, los expertos piden a los bañistas que si se observa a estos ejemplares de grandes dimensiones a unos metros de la zona del rebalaje no se interfiera con ellos y se las deje seguir su curso.

Medusa confundida con otras especies

Según un artículo publicado en noviembre de 2018 en el portal Ambientum, en 1827 los naturalistas franceses Jean René Constant Quoy y Joseph Paul Gaimard, embarcados en un viaje alrededor del mundo a bordo de L’Astrolabe, descubrieron esta nueva especie de medusa en el Estrecho de Gibraltar. Rhizostoma luteum, antes llamada Orythialutea, pudo ser descrita gracias al análisis de nueve ejemplares. Ésta fue la primera y última vez que se la vio. Durante las siguientes décadas, esta medusa pasó desapercibida y en los últimos sesenta años no se tuvieron registros científicos de ella.

No fue hasta 2013 cuando un equipo de científicos, liderados por Laura Prieto, del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (CSIC), confirmó la presencia de esta especie en aguas mediterráneas a través de un análisis filogenético. «Creemos que las veces que se la veía se la identificaba erróneamente con otros de sus congéneres como Rhizostoma pulmo, Rhizostoma octopus y Catostylus tagi», señaló a Sinc Prieto, coautora de otro estudio que corrobora que esta medusa, en realidad, es más abundante de lo que se pensaba.

«Su distribución geográfica es muy amplia: desde Portugal hasta Sudáfrica en el Atlántico y en Alborán en el Mediterráneo. Con estudios posteriores hemos podido comprobar que la madre lleva a sus descendientes protegidos en sus gónadas hasta que los libera en un ambiente propicio», explicó la investigadora. Para detectarla, Laura Prieto y Karen Kienberger contaron con la ayuda de ciudadanos que enviaron relatos históricos, fotografías y vídeos tomados en el océano Atlántico nororiental y el Mar de Alborán. «Se repartieron pósters en clubs de buceo y marinas y se revisó mucha de la literatura no científica de divulgación, como libros de buceo o de fauna marina», señaló Prieto.

Según relata SUR, las científicas contactaron así a muchos autores de las fotos, y exploraron las redes sociales abiertas y las bases de datos de acceso abierto sobre medusas que incluían fotos. «Cualquier ciudadano podía y puede mandar un correo con el lugar, el día y la foto de un avistamiento», subrayaron las autoras. Para las investigadoras, este tipo de trabajos permiten hacer un seguimiento de la biodiversidad y de cómo las especies responden al cambio climático en los ecosistemas marinos.

IMAGEN: DIARIO SUR

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