Llegan a España las guarderías y residencias que juntan a niños y a mayores

Las apuestas por programas intergeneracionales cobran especial relevancia en el Día de los Abuelos que se celebra hoy

Pese a su diagnóstico de artrosis, Carmen (88 años) coge con sus manos las distintas lanas de colores para enhebrar en los cartuchos de café usado y ayuda a Asier, de 4, a terminar su «atrapa sueños», mientras este trepa al andador de la anciana y lo utiliza de silla. La escena tiene lugar en el último taller de la mañana del campamento intergeneracional que todos los veranos organiza la residencia de mayores Amavir Coslada (Madrid), en el que conviven menores desde los 6 hasta los 12 años y los residentes que así lo deseen. Juntos disfrutan de diferentes actividades educativas y de ocio distribuidas a lo largo de la mañana, como desayunos y comidas, manualidades, gimnasia, gymkanas, bingos, y hasta excursiones… Los niños llegan para iniciar su jornada a primera hora del día, y permanecen en el centro hasta última hora de la tarde. Los residentes les esperan con una mezcla de ilusión y expectación y se asoman cada poco a la sala habilitada para preguntar si han llegado ya los chavales.

La teoría intergeneracional
Los beneficios son mutuos, asegura la psicóloga del centro, Isabel Gómez de Salazar. «Está demostrado que las personas mayores implicadas en actividades intergeneracionales se sienten más felices que otros de su misma edad. Además, compartir con los más pequeños ciertas horas al día incrementa su actividad física, cognitiva y social. La interacción es real. Florece su memoria, aparece la concentración, la atención… y hasta dejan de tener dolor. Es increíble. Es el caso concreto de Carmen, que pese a esa limitación tan importante que tiene en las manos, que le hace necesitar un mango engrosado para los ejercicios de motricidad fina, se olvida de todo para ayudar al pequeño Asier en el taller de la mañana. Así que, que duda cabe. Los pequeños les hacen sentirse útiles. «Nosotros como profesionales que estamos acostumbrados a trabajar con ellos vemos cómo hay una distancia profesional que no tienen con los niños. Y todo esto promueve sin lugar a dudas un envejecimiento activo y saludable», concluye esta psicóloga.

Para los menores que participan en la actividad –principalmente hijos de trabajadores y nietos o familiares de residentes, aunque está abierto a todo el que quiera–, «no hay duda de que estas actividades son también una lección de vida para los pequeños, de la que aprenden las experiencias e historias de juventud de sus mayores». De hecho a los niños este tipo de encuentros, relata esta experta, «les hace pensar, fijarse y, en definitiva, crecer».

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