La ética de la web está aún por escribir

En el nuevo mundo digitalizado todo parece posible. Incluso lo que no es posible.

Transparencia, digitalización, instantaneidad. Nuestra época se resume aquí, en estas simples tres palabras. Nuestra realidad digital, nuestro nuevo ser ciudadanos 3.0, ha creado una nueva, moderna y extraña comunidad. Cuyas reglas, sin embargo, aún no se han escrito. Porque si bien es cierto que es genial estar conectados todo el tiempo, escuchando nuestra música favorita donde queramos, chateando con nuestros amigos en cualquier parte del mundo y leyendo cualquier cosa en cualquier momento, no faltan los riesgos.



Estamos inmersos, constantemente conectados. Sin embargo, como señaló Derrick De Kerckhove, después de siglos de privacidad, ganada a través de más de doscientos años de guerras y cambios políticos, la gente está perdiendo el control de su esfera privada. Esto se debe a que nos gusta estar localizables en todas partes, pero ser rastreado no es una señal de libertad. Los datos de todos nuestros movimientos, nuestras acciones online y offline, nuestros gustos, nuestros intereses, se registran constantemente en archivos y bases de datos. No es casualidad que el gran negocio del futuro se llame Big Data.

En España, la plataforma online PartyCasino implementará en los próximos meses tecnología basada en big data e inteligencia artificial para proteger a los jugadores durante sus sesiones de juego. Esta herramienta será crucial para guiar a los usuarios hacia un juego responsable y seguro.

El problema es que el uso que hacemos de cierto tipo de tecnologías es también un uso ético. Porque la ética individual se convierte, gracias a la tecnología moderna, en una ética social. Las reglas de Internet no están fijadas de forma inequívoca y clara para todo el mundo, el resultado es que nadie sabe lo que tiene que mantener y lo que tiene que respetar. Por lo tanto, primero hay que estar preparados, recibir o pedir una correcta educación, una alfabetización digital precisamente porque nada prohíbe nada en la red, lo que falta es un código de convivencia civil.

Un problema ético sobre el que los expertos se preguntan, por ejemplo, acerca de los desafíos en TikTok: ¿es un sacrificio necesario renunciar a la privacidad en favor de la seguridad? O, pasando de lo social a lo lúdico, una cuestión abierta que se ha resuelto en estos días. En Inglaterra, por ejemplo, se ha adoptado un paquete de medidas en el diseño de las máquinas tragaperras con parámetros que deben respetarse: la velocidad del juego debe reducirse y las funciones controvertidas deben bloquearse. Se acabaron los modos turbo o multisalas, en su lugar, un etiquetado más comprensible, abierto y claro.

Pequeños pasos adelante en la labor de diseñar y concebir un mundo virtual más seguro, más justo y, sobre todo, más ético. Porque sin reglas escritas se corre el riesgo de la anarquía. Una anarquía 2.0, por Dios, pero con los mismos riesgos que la antigua.



Carnicería Elvi

Desde 1982 carnes de primera calidad de elaboración propia

calle Infantes, 6, Torre del Mar

Carnicería Elvi

Desde 1982 carnes de primera calidad de elaboración propia

calle Infantes, 6, Torre del Mar