Abandonar Las Trincheras, Abandonar Las Fronteras

Hordas de miserables seguimos a la espera de que “algo cambie”. Ya hemos sufrido la muerte civil que significa perder el empleo, el salario, las prestaciones o ayudas, la luz, el agua, la casa, hasta el pan. De tanto perder, hemos perdido hasta la rabia y ya sólo queda el aletargado ritmo de un corazón que apenas palpita a la espera de que algo o alguien le insufle un poco de oxígeno. Ya no pueden pedirnos más lucha, más calle, más rabia. Ahora les toca a ellos. Mejor dicho, nos toca a nosotros. A quienes dimos un paso para intentar cambiar el pulso social y económico del pueblo.
Así es que ahora, con la tragedia humanitaria de 14 millones de pobres sobreviviendo en este país, la emergencia no es que la marca, el nombre, o el orden de la lista nos distraiga o enfrente.

Si realmente somos como decimos ser, gente del pueblo para el pueblo, si hemos tropezado unas cuantas veces pero hemos aprendido el camino, ahora es el momento de acometer la tarea para la que nos hemos encontrado, Unidos Podemos. Debemos ser capaces de hacer, como explica María Zambrano, “que la sociedad sea adecuada a la persona humana; su espacio adecuado y no su lugar de tortura”.



De ahí que mi posición, más allá de cualquier matiz personal o como militante de una organización política es, la de una sufridora, a la vez que observadora del desastre humanitario que se ha provocado a las personas en nuestra sociedad. Ésta en la que el desarrollo tecnológico y el conocimiento no se han puesto al servicio de la gente para que deje de ser ese “lugar de tortura”. Más bien al contrario, el mercantilismo del conocimiento y el control oligárgico del sector financiero y de producción están consiguiendo no sólo la devastación de la economía de las personas sino la muerte de la esperanza en esa sociedad pensada que, en un tiempo no muy lejano, creíamos iba a llegar.

El poeta Marcelo nos animaba  hace unos días, en la presentación de su último libro, a leer “Persona y Democracia”, de María Zambrano. Tengo que admitir que aún no lo había hecho y ando aproximándome, con cierto miedo -aunque me dé pudor decirlo- a través de una breve antología que prologa Rogelio Blanco.

De él, de su prólogo, arranco este párrafo que describe el interés que alimenta mi esperanza ante el momento, la expectativa y la responsabilidad que ha asumido la izquierda al presentarse el próximo 26J en coalición. “De ahí que para aquellos pueblos que se empareden tras modelos únicos, … devendrá la desgracia de situarse fuera de la historia, del momento, y la historia es ejemplarizante, los modelos políticos cuanto más se alejen de las posibilidades democráticas más conducen a la servidumbre de los pueblos. La democracia, si tal es y más allá de nominalismos, siempre será camino liberador de las ataduras de la esclavitud.  
                                                                                 
Si, como afirma María, “convivir quiere decir sentir y saber que nuestra vida, aún en su trayectoria personal, está abierta a los demás, no importa que sean nuestros próximos o no; quiere decir saber vivir en un medio donde cada acontecer tiene su repercusión”, y suscribe Blanco, “la democracia es el hábitat natural para esta convivencia”.

Por tanto, para aquellos que creemos que la democracia es la única forma posible para que la persona se constituya en todas sus potencialidades y para que genere una sociedad en la que el bien común determine los objetivos de desarrollo a alcanzar. Es fundamental crear ese espacio de convivencia de todos los agentes políticos y la ciudadanía que los respalda para ofrecer un nuevo marco que, efectivamente, posibilite el cambio. Ése que va en pos de la sociedad en la que “lo determinante sea ser persona”.

Y, en busca de las personas, habremos de saltarnos las trincheras de las sedes de las organizaciones políticas, ocupando las plazas que ya ocupó la ciudadanía para poner por delante de las siglas, de las marcas, los objetivos y las prioridades. No puedo negarlo, a pesar del factor humano, estoy emocionada con sólo la esperanza de tener que seguir aprendiendo cada día a sumar gente a este nuevo diálogo con viejas palabras que, como dice Zambrano, “el privilegio de algunas palabras es que contienen un futuro aún no actualizado y cuya superación completa nos es todavía imposible vislumbrar”: democracia, pueblo, persona. Pero se necesita fuerza, organización, compromiso para andar los pasos que hagan posible dotar a esas palabras de futuro, de ahí que la suma de Izquierda Unida con otras fuerzas se convierte en una buena herramienta.  Y, dudo que quien admita estar a favor de los refugiados, en contra de las fronteras que se han establecido en Europa, pueda pretender frenar con concertinas un movimiento en el tablero que surge como respuesta a la necesidad de acabar con la tragedia humanitaria que está generando la política política de la desbocada ambición económica de unos cuantos.



Carnicería Elvi

Desde 1982 carnes de primera calidad de elaboración propia

Calle Infantes, 6, Torre del Mar

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